30 de noviembre de 2012

Visita virtual: EL DESCENDIMIENTO, la sutileza de lo imperfecto en Silos


RELIEVE DEL DESCENDIMIENTO
Autor anónimo
Finales siglo XI
Piedra
Claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos)
Escultura románica

El burgalés Monasterio de Santo Domingo de Silos alberga un conjunto de figuras exentas, relieves y capiteles que deben considerarse entre lo más granado de la escultura románica española, con un innumerable repertorio iconográfico de escenas y motivos vegetales que tienen su correlación en múltiples objetos suntuarios y obras elaboradas en el célebre Scriptorium Silense.

La fundación del monasterio se remonta al siglo VII, en una abadía visigótica dedicada a San Sebastián a la que tiempo después la ocupación musulmana provocaría su decadencia. Volvería a resurgir en tiempos del gobierno del conde Fernán González en Castilla (930-970), aunque con la amenaza de las reiteradas incursiones de Almanzor. Habría que esperar hasta 1041 para que el monasterio benedictino iniciara su desarrollo después de la llegada del abad Domingo, que al frente del monasterio de San Millán de la Cogolla había negado al rey de Navarra la entrega de los vasos sagrados y otros bienes para financiar los gastos de guerra, hecho que le supuso el destierro. Santo Domingo fue acogido por Fernando I de Castilla, que le confió el monasterio de San Sebastián de Silos.

Por su iniciativa se levantó una iglesia románica, aunque su muerte en 1073 le impidió ver las obras terminadas, siendo finalmente consagrada por el abad Fortunio, su sucesor, en 1088. Junto a la iglesia también se levantaron las necesarias dependencias monacales, entre las que destacaba un espacioso claustro, como era preceptivo, cuyos complicados trabajos decorativos hicieron que la obra se dilatara en el tiempo, de modo que las galerías este y norte se completaron durante la segunda mitad del siglo XI, mientras que las del oeste y sur lo hicieron en la primera mitad del XII, añadiéndose un piso superior a todo el claustro en las postrimerías de este último.

En la primera fase constructiva trabajó en Silos un extraordinario y desconocido maestro que labró una buena colección de capiteles y seis relieves colocados en el interior de los machones angulares del claustro, todos ellos alusivos al triunfo de Cristo sobre la muerte. La serie comienza con la escena del Descendimiento, como certificación física de la consumación del sacrificio, y se acompaña de otras que representan la Visita de las mujeres al Sepulcro, los Discípulos de Emaús, la Duda de Santo Tomás,  la Ascensión y el Pentecostés. Otro maestro, posiblemente llegado de Galicia, remataría la serie con dos relieves dedicados a la Virgen: la Anunciación y la Coronación.
De todos ellos elegimos el relieve dedicado al Descendimiento, colocado en el ángulo noroeste del claustro, por constituir la primera representación escultórica en España de este tema pasionario que tendría continuidad en el arte cristiano hasta el siglo XIX.

Como es habitual en la escultura románica, en el relieve del Descendimiento prevalecen los valores simbólicos sobre los afanes naturalistas, pues la escena no intenta conmover, sino ilustrar y adoctrinar. Sin embargo, en este relieve se cuida cada detalle y en su composición abundan las líneas ondulantes que le proporcionan un dinamismo que antecede a los trabajos de la portada francesa de Moissac. Siguiendo la pauta generalizada en el románico, el relieve se adapta al marco arquitectónico, en este caso cobijado bajo un arco de medio punto y enmarcado por finas columnillas rematadas con capiteles vegetales, recordando en su finura y planteamiento formal a los marfiles leoneses y los diseños de las miniaturas mozárabes, de modo que podría decirse que está planteado como un trabajo de marfil a gran escala.

Como es constante en la plástica medieval, el relieve muestra un tamaño de figuras jerarquizado como herencia del arte bizantino, al tiempo que todas ellas mantienen un hieratismo que proporciona solemnidad a la escena. En los trabajos anatómicos predominan los valores geométricos y lineales, recurriendo a incisiones sobre la piedra para remarcar ciertos elementos descriptivos, como las costillas, que se combinan con exquisitos detalles labrados con precisión.

A pesar de su falta de naturalismo, es un ejemplo del singular atractivo de lo imperfecto que ofrece la escultura románica, capaz de transmitir sin dramatismo el momento representado y aportando un cúmulo de elementos de contenido doctrinal y una serie de símbolos imbricados que trascienden la escena principal. Uno de los más curiosos es la representación del Gólgota como una aglomeración de piedras ordenadas y ondulantes, con diseños próximos a la miniatura mozárabe, que insinúan el terremoto que siguió a la muerte de Cristo, efecto que produce la apertura de un sarcófago del que  surge una cabeza y una mano, ahora muy mutiladas, en cuyo frente figura la inscripción "Adam".

Estos elementos, que proporcionan cierta inestabilidad a los personajes que se apoyan sobre ellos, derivan de una leyenda medieval, recogida por Santiago (Jacobo) de la Vorágine en La Leyenda Dorada, que trata sobre el origen del árbol del que se extrajo el madero de la cruz. Según esta, cuando murió Adán, fue enterrado con una semilla en la boca que le había colocado su hijo Set, una semilla que, proveniente del jardín del Edén y recibida del arcángel San Miguel, con el tiempo llegó a germinar. La madera de aquel árbol después sería utilizada para construir un puente cuyas facultades especiales reconoció la Reina de Saba durante la visita a Salomón en Jerusalén. Pero este rey, considerándose "el más grande de los Reyes", hizo arrancar el árbol y destruir el puente, cuyas maderas después serían encontradas por los romanos y utilizadas para elaborar la cruz en que se consumó la redención de la humanidad. Por este motivo bajo la cruz, de aspecto leñoso, aparece el sepulcro de Adán, cuya leyenda generaría en el arte posterior la colocación de un calavera a los pies de la cruz.

Por otra parte, la escena central se circunscribe al momento estricto del Descendimiento o Desenclavo, con la figura de José de Arimatea sujetando el cuerpo exánime de Cristo, mientras Nicodemo desclava la mano izquierda. A los lados se sitúan la Virgen, que con un paño toma la mano desclavada con gesto reverencial, y Juan, que en actitud de caminar porta en sus manos el Evangelio, ambos identificados con inscripciones en sus nimbos.

Cristo ofrece una anatomía esquemática a base de volúmenes cilíndricos que contrastan con las incisiones de las costillas y los pliegues del perizoma. Su cabeza muestra un labrado minucioso, con cabellos y barbas filamentosas delineadas con precisión, ojos cerrados insinuando la muerte, su nombre grabado en el nimbo y, como es habitual en el románico, crucificado con cuatro clavos y sin expresar el menor atisbo de dolor, con la única referencia naturalista en la ligera flexión de las piernas por el peso y la cabeza inclinada.

Igualmente, la Virgen expresa más su sentimiento de dolor por la gesticulación del cuerpo que por los rasgos del inexpresivo rostro, que aparece envuelto por un juego de tocas muy bien estructuradas, lo mismo que los cabellos del resto de los personajes, todos con ojos almendrados, pupilas remarcadas en negro, bocas cerradas e indumentarias ceñidas al cuerpo.

El semicírculo del arco aparece ocupado por tres ángeles turiferarios, dispuestos simétricamente, que entre nubes agitan incensarios para solemnizar la escena. Entre ellos se colocan dos personificaciones del Sol y de la Luna, ocultando la luz de los astros con paños en los que aparece su nombre inciso. Su presencia se convierte en un símbolo del Nuevo y del Viejo Testamento, en definitiva, de la Iglesia y de la Sinagoga.

Por su remota cronología, el relieve del Descendimiento del Monasterio de Silos es una de las primeras manifestaciones plásticas de este tema en España, sirviendo como motivo de inspiración a otros muchos maestros que a finales del siglo XII reinterpretaron la receta en capiteles historiados, como es el caso del procedente de la iglesia del monasterio premostratense de Santa María la Real de Aguilar de Campoo (Palencia), que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. También precede al célebre relieve del Descendimiento que hiciera Benedetto Antelami en 1178 para la catedral de Parma y a toda la serie de grupos del Descendimiento en madera realizados en talleres pirenaicos a finales del siglo XII, uno de los capítulos más singulares del románico catalán.      

Informe: J. M. Travieso.














Vista del claustro de Santo Domingo de Silos.


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29 de noviembre de 2012

Conferencia y proyección: EL CINE DE GEORGE MÉLIÈS, 29 de noviembre 2012



MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA
Calle Cadenas de San Gregorio, Valladolid

Jueves 29 de noviembre, 19 horas.
Capilla del Museo Nacional de Escultura.
Conferencia y proyección dentro del ciclo "Paris era una fiesta" de la exposición dedicada a Josep María Sert.
El cine de George Méliès
Santos Zunzunegui, catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad del País Vasco.
Proyección de "El viaje a la luna", "El melómano", "Los incendiarios"...

En el París de Sert, el cine de George Méliès causó sensación con sus "viajes a través de lo imposible". 
Un experto en cine, Santos Zunzunegui, desvelará este mundo de ilusión y audacias técnicas, a través de unas cuantas pequeñas películas, misteriosas, ingenuas y llenas de humor y belleza poética.

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Presentación de la "REVISTA ATTICUS - Tres" en edición impresa, 4 de diciembre 2012




PRESENTACIÓN DE LA REVISTA ATTICUS Tres (edición impresa)
Día: Martes 4 de diciembre 2012.
Hora: 19:30 h.
Lugar: Salón de Actos del Museo Nacional de Escultura-Palacio Villena.
Entrada libre hasta completar aforo.

Intervenciones:
María Bolaños, Directora del Museo Nacional de Escultura.
Luis José Cuadrado, editor de la Revista Atticus.
Manolo Madrid, escritor, poeta y colaborador de la revista.


En unos momentos difíciles para este tipo de iniciativas, sale a la calle el tercer número de la Revista Atticus en edición impresa, algo loable para Luis José Cuadrado, su director y editor, que suma esfuerzos desde su redacción en Valladolid.

El nuevo ejemplar ofrece interesantes trabajos relacionados con las artes, cultura, literatura, cine y temas de actualidad, todos ellos fruto de la colaboración de más de 30 autores diferentes.

En el sumario se recogen, entre otros, los siguientes temas:

* "La Pepa", el monumento a las Cortes de Cádiz de 1812.
* Le Corbusier y la capilla de Notre Dame du Haut en Ronchamp.
* Ayer y hoy de la Gioconda del Prado.
* Monográfico dedicado al Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
* La vida pendiente de un hilo, el mundo de las marionetas.
* El estandarte de San Mauricio del Museo de Valladolid.
* El último refugio de Agustín Ibarrola.
* El escultor Higinio Vázquez García.
* R.E.M., principio y fin.
* Los dos accidentes de Frida Kahlo.
* Parada en el cementerio judío de Praga.
* Storyboard, la película en papel.
* El retrato fotográfico.
* Valladolid desde el aire.
* El humor de Alfredo Martirena.
* Exposiciones.
* Fotografía: Canción de mar, de Chema Concellón.
* Relatos.
* Poesía.

     Animamos a todos a asistir a la presentación de la Revista Atticus Tres, cuyos ejemplares, con una cuidadísima presentación y calidad de papel y reproducciones, podrán adquirirse al precio habitual de 10 €.

     Recordamos que también se puede adquirir la revista y la información de los puntos de venta en la dirección http://www.revistaatticus.es/

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28 de noviembre de 2012

Próxima publicación: ARQUITECTURA PALACIEGA EN EL VALLADOLID DE LA CORTE



     Entre el 27 de enero y el 31 de marzo de este año Domvs Pvcelae celebró un ciclo de 11 conferencias en torno a la "Arquitectura palaciega en la ciudad de la Corte", una actividad que, con enorme éxito de participación, ofreció dos singularidades a destacar: el hecho de impartirse cada conferencia en el propio palacio estudiado, con posterior visita al mismo, lo que permitió acceder a espacios normalmente vedados a las visitas, y la presentación de las ponencias a cargo de prestigiosos especialistas en arquitectura y arte de Valladolid.


     Desde un principio, se pensó que un buen colofón para una actividad tan especial y poco frecuente sería recopilar en una publicación todos los trabajos presentados. Esta aspiración, tan complicada en los momentos que corren, se ha hecho felizmente realidad gracias a la coordinación de Daniel Villalobos Alonso y la inestimable colaboración de Sara Pérez Barreiro, de modo que, a mediados de diciembre, Domvs Pvcelae presentará en público la deseada publicación, cuyo contenido no puede ser más atractivo.



     Estos son algunos de sus apartados:

  • La arquitectura palaciega y doméstica en la Corte de Valladolid. Daniel Villalobos Alonso y Sara Pérez Barreiro.
  • El Palacio de los Vivero: La Real Audiencia y Chancillería. Sara Pérez Barreriro.
  • El Palacio de Pimentel o Palacio de los Condes de Ribadavia. Un palacio ligado a la historia de Valladolid. Luis José Cuadrado Gutiérrez.
  • La Casa de Berruguete. La historia de una ambición. José Miguel Travieso Alonso.
  • La imagen de la Corte en Valladolid: Palacio Real y Palacio de los Condes de Benavente. Javier Pérez Gil.
  • El Palacio de Villasante. El tipo arquitectónico palaciego. Iván I. Rincón Borrego.
  • El Palacio de Fabio Nelli de Espinosa y la Casa de Luis de Vitoria. Los tres tipos de organización espacial de Pedro Mazuecos el Mozo: Una cuestión de dimensiones. Daniel Villalobos Alonso.
  • El Palacio de Villena. Jesús Urrea Fernández.
  • Rehabilitación de la Casa-Palacio de los Vitoria de Valladolid. Miguel Ángel Santibáñez Llinás.
  • Restauración y rehabilitación de la Casa de los Galdo y de la Casa de Simón de Cervatos. Armando Aréizaga Esteban.
  • Arquitectura y enclave de los Palacios del Licenciado Butrón y Buendía. Leopoldo Uría Iglesias.
  • Sobre casas y palacios perdidos. Leopoldo Uría Iglesias.
  • Proporción, orden y lenguaje. Modos y contenidos en la arquitectura palaciega de Valladolid. Daniel Villalobos Alonso. 

     El día de la presentación y entrega de ejemplares se avisará dentro de unos días.

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26 de noviembre de 2012

Revista ATTICUS nº 19



     Se ha publicado en noviembre el número 19 de la Revista Atticus, en el que junto a las habituales secciones de editorial, fotodenuncia, humor gráfico, exposiciones y fotografía destacan los siguientes artículos:

* Iconografía de la Virgen de la Piedad en la escultura (II). Luis José Cuadrado.
* De la caricatura para la divulgación constitucional a su utilización para la crítica política. Gedeón 1898. Cristy González Lozano.
* Románico en el Valle de Boí: Santa Eulalia de Erill la Val y San Feliu de Barruera. Xavier Tosca.
* La Vocación de San Mateo, de Caravaggio. Gonzalo Durán López.
* Pawel Kuczynski, versionando. Rubén Gómez.
* ¿Quién mató a Stefan Zweig? Aldán.
* Monacatus, Oña y alrededores. Luis José Cuadrado.
* La ermita románica de San Pedro de Tejada. Luis José Cuadrado.

Vista en formato pdf: Revista Atticus nº 19.

     Recordamos que se puede acceder directamente a esta revista virtual desde el icono que aparece como acceso directo en la parte izquierda de esta página o en la dirección http://www.revistaatticus.es/, donde se encuentran archivados todos los ejemplares publicados hasta la fecha, a los que se puede acceder de forma gratuita.

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23 de noviembre de 2012

Historias de Valladolid: LA PASIÓN BIBLIÓFILA DEL CONDE DE GONDOMAR, "osar morir da la vida" en la Casa del Sol

     Uno de los palacios vallisoletanos de mayor abolengo es el que perteneciera a don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar, popularmente conocido como Casa del Sol por la figura del astro que corona el frontispicio de su portada. En este enorme caserón tuvo su morada en el primer cuarto del siglo XVII el que fuera corregidor y regidor perpetuo de Valladolid, un ilustre noble y diplomático que consiguió grandes logros para la corona española como embajador en Inglaterra entre 1613 y 1622, pero cuya auténtica pasión, en su calidad de erudito, fue la de recopilar libros y escritos hasta conformar una de las bibliotecas particulares más importantes de su tiempo.

     De modo que pasear junto a la fachada de la calle Cadenas de San Gregorio puede producir entre los amantes de los libros la misma añoranza que las referencias a la mítica biblioteca de Alejandría, ya que de una manera o de otra, aquel ingente patrimonio fue expoliado por sus descendientes y repartido por instituciones madrileñas, produciendo un desarraigo documental especialmente sensible en la tierra que con tanto celo preservó los fondos del Colegio de Santa Cruz, de la Real Chancillería y del Archivo de Simancas.

     Intentaremos acercarnos al personaje, no sólo por su trascendencia histórica, sino para comprender lo que fuera una pasión desmedida por los documentos escritos, que encontró entre los muros de este palacio vallisoletano la culminación de las aspiraciones de toda una vida, muy por encima de cualquier otra necesidad vital.

EL CONDE DE GONDOMAR Y LA CASA DEL SOL

     Diego Sarmiento de Acuña había nacido en Astorga el 1 de noviembre de 1567. Era el mayor de los hijos de García Sarmiento de Sotomayor, corregidor de Granada y gobernador de las Islas Canarias, y de Juana de Acuña, de los que heredó grandes posesiones tanto en Castilla como en Galicia. Tutelado por su madre hasta los 14 años, en 1581 contrajo matrimonio con su sobrina Beatriz Sarmiento, que murió el 20 de julio de 1586 sin dejar descendencia. Durante esos años sus primeros servicios, siendo adolescente, fueron para Felipe II como mando militar en la frontera portuguesa y en la costa gallega. El día de su cumpleaños de 1588 se casaba de nuevo en Valladolid con su prima doña Constanza de Acuña y Avellaneda, con la que, como señores de Vincios y Gondomar, llegaría a tener cuatro hijos y tres hijas.

     En su faceta militar adquirió gran prestigio en 1589, durante la defensa de La Coruña del ataque de la flota del corsario inglés Francis Drake y la armada inglesa. Ese año adquiría el patronato de la capilla mayor de la iglesia de San Agustín de Valladolid para el enterramiento del padre y de un tío de doña Constanza, que ya expresó su deseo de tener casa en Valladolid.

     En 1593 era nombrado corregidor de Toro, comenzando a sus 25 años la adquisición de libros, cuya pasión como coleccionista fue acrecentándose paulatinamente por todo tipo de escritos, ya fuesen documentos epistolares o codiciadas ediciones. Residiendo en Toro, en diciembre de 1599 compraba en Valladolid por 8.400 ducados una casa y la capilla anexa a don Hernando de Ribadeneira, la hoy conocida como Casa del Sol, que el Señor de Gondomar consideraba "libre de frailes y sus impertinencias".

     El palacio conocido como Casa del Sol había sido levantado entre 1539 y 1540, junto a la iglesia de San Benito el Viejo, por don Sancho Díaz de Leguizamo, licenciado, alcalde de corte y del consejo de S. M., y su esposa doña Mencía de Esquivel, un edificio de grandes dimensiones dotado de una bella portada con decoración plateresca. Este fue heredado por su hijo Juan, caballero de Santiago y alcalde de Las Salas (Badajoz), que al morir sin descendencia heredó su sobrina doña Isabel de Leguizamo, hija de su hermano Sancho, que no ocupó el palacio, sino que lo arrendó a la condesa de Monterrey, aunque en 1595 también fue solicitado para instalarse un convento de monjas bernardas procedente de Perales, para el que hizo el proyecto Diego de Praves, aunque esta fundación no se hizo efectiva.

     El año 1598 el palacio fue adquirido a doña Isabel de Leguizamo por don Hernando de Rivadeneira, propietario por poco tiempo, pues al cabo de una año fue comprado por don Diego Sarmiento de Acuña y doña Constanza, señores de Gondomar, que prácticamente lo reedificaron para adaptarlo a sus necesidades, con cuatro grandes salas destinadas a su biblioteca y con el aspecto exterior que ha permanecido hasta nuestros días, incorporando a la portada un remate en forma de peineta con un gran relieve con las armas familiares sobre las que destaca la figura del Ave Fénix entre llamas y un mascarón que representa al Sol, motivo que dio nombre al renovado palacio.

     Era éste uno de los más lustrosos en el momento en que la Corte de Felipe III (ilustración 10) se asentó en Valladolid en 1601, cuyas obras de remodelación, concluidas en 1612 por los maestros Marcos Escudero y Jerónimo Ruiz, bajo la supervisión de Francisco de Praves, incluyeron dos torreones laterales, al estilo de los Austrias, y el acceso directo al coro de la iglesia de San Benito el Viejo, ligada a la propiedad del palacio y cuyo patronato ostentaban los Gondomar, que sobre el muro exterior del testero hicieron colocar un blasón familiar de enormes dimensiones.

     Durante la estancia de la Corte en Valladolid (1601-1606), don Diego Sarmiento de Acuña, corregidor de Toro y propuesto para corregidor de Valladolid, cargo al que aspiraba tras rechazar en 1601 el gobierno de Filipinas, fue requerido en 1602 por el rey Felipe III para su marcha a Bayona, al frente de una compañía de infantería con el fin de supervisar la llegada de dos galeones procedentes de Indias que la armada inglesa había impedido acceder al puerto de Sevilla, siendo ocupado el cargo de regidor de Valladolid por don Garci López de Chaves, de Ciudad Rodrigo.
     A su regreso fue recompensado en la Corte, donde era amigo del privado Rodrigo Calderón y mantenía excelentes relaciones con el Duque de Lerma. Le fue ofrecida una esclava negra de 25 años "muy trabajadora" y lo más importante para él: el 14 de septiembre de 1602 tomaba posesión como Corregidor de Valladolid, nombramiento muy bien acogido por los vallisoletanos, cargo que ocuparía hasta abril de 1605.

     De esta manera don Diego Sarmiento de Acuña, que declaró "ser devoto sin ser santero", quedaba vinculado definitivamente a Valladolid, donde nacieron cinco de sus siete hijos y donde sumó el título de Alférez de Valladolid al de Corregidor, en cuyo cometido supo interpretar los intereses del Duque de Lerma, que en 1604 le concedió un puesto en el Consejo de Hacienda. El mayor protagonismo como alcalde de Valladolid fueron las fiestas que siguieron al nacimiento en la ciudad, el 8 de abril de 1605, del futuro Felipe IV.

     Ocupado el Duque de Lerma en impresionar al adormecido Felipe III con juegos y fiestas de apariencias suntuosas, impulsó grandes festejos para celebrar el nacimiento del heredero, siendo Diego Sarmiento de Acuña el ideólogo y el organizador de aquellas sonadas fiestas, que en 1605 dio la mejor fiesta de cañas que se recuerda en Valladolid, colocó luminarias nocturnas por todo el centro, haciendo que "pareciese de día", repartiendo "papelones con las armas de la ciudad" para que el aire no apagara el fuego e ideó una máscara de gran número de caballeros, aunque uno de los actos más celebrados fue el cortejo del rey desde la Corredera de San Pablo a la iglesia de San Lorenzo, a cuyo paso por la Plaza Mayor se tiraban monedas de plata desde sus balcones entre la algarabía del pueblo [1]. En plenas fiestas, Diego Sarmiento traspasó el gobierno de Valladolid al joven don Diego Gómez de Sandoval, segundo hijo del Duque de Lerma.

     Tras el retorno de la corte a Madrid, publicada oficialmente el 26 de enero de 1606, Diego Sarmiento de Acuña iniciaba un periplo vital siempre rodeado de éxito. En 1607 organizó la defensa de la costa gallega ante la amenaza de una escuadra holandesa; en 1608 obtenía la encomienda de Monroyo, de la Orden de Calatrava; en 1612, rechazada por el Duque de Lerma su petición de ser Corregidor de Madrid, era nombrado Asistente del gobierno en Sevilla; en 1613 es nombrado embajador de España en Inglaterra, a donde llegó con retratos, escritorios, escribanías, arcabuces y ballestas como regalos de Felipe III a Jacobo I, con el que Diego Sarmiento mantuvo una estrecha amistad por valorar el monarca inglés su conocimiento del latín y sus gustos intelectuales y literarios. Ello favoreció las relaciones cordiales entre ambos países, al tiempo que lideró el sector católico y pro español de la corte inglesa, interesado en el enlace del Príncipe de Gales con la infanta española María Ana.

     Sin embargo, durante sus desplazamientos como embajador extraordinario en Alemania, Flandes, Francia e Inglaterra, siempre mantuvo cierta melancolía por su casa de Valladolid, haciendo patente su deseo de volver. El 13 de noviembre de 1612 concertaba la decoración de la cripta de San Benito el Viejo en la que tenía previsto ser enterrado, encomendando a los pintores Pedro Díaz Minaya y su hijo Diego Valentín Díaz una escena del Juicio Final, su retrato y el de su esposa, declarando que "no quería dejar sus huesos en algún corral de Inglaterra". Tras pertenecer a los Consejos de Guerra y Estado, de ser gobernador y capitán general de Galicia, caballero de Calatrava, y comendador de Almagro, Guadalorce y Monroy, en 1617 obtenía el título de Conde de Gondomar y en 1622 cesaba en su puesto de embajador en tierras inglesas.

LA MÍTICA BIBLIOTECA DEL CONDE DE GONDOMAR

     A su vuelta de Inglaterra, a la Casa del Sol llegaban cartas desde todo el imperio, documentos que celosamente guardaba junto a la ya importante colección bibliófila reunida. El apasionamiento como coleccionista queda patente cuando en 1621 escribe desde Londres dando la orden de no dejar entrar a nadie en su biblioteca, de la que sólo él tenía las llaves. Ese mismo año está documentada la llegada desde Gondomar de varios cofres repletos de libros y dos de cartas, así como la renovación de las estanterías. También desde Londres haría llegar a la Casa del Sol de Valladolid al francés Etienne Eussen para que ordenase y catalogase sus libros, labor después realizada por el flamenco Enrique Teller.

     A partir de entonces, fue continua la afluencia de libros procedentes de Londres, Madrid, Galicia y otras ciudades, que desbordaron los cuatro grandes salones de la Casa del Sol, el primero de ellos con armarios destinados a sus armas y sus copias, al tiempo que el Conde de Gondomar incrementaba su obsesión por adquirir nuevos ejemplares, ya que, en sus propias palabras, encontraba "pobre la librería de historiadores griegos y latinos, aunque rica en cosas de América". Esta apreciación responde a que Diego Sarmiento consideraba la Historia como "madre de todos los altos pensamientos, los puntos de la honra y los respetos generosos" —fue el primero en combatir la "leyenda negra" de España— por lo que conservó muchas cartas de escritores, pero sobre todo de historiadores. En otras ocasiones llegó a comprar colecciones ajenas, como la biblioteca de Alonso Muñoz de Estaloza, vendida en Madrid por 600 ducados.

     Consta que toda la actividad de su librería, adquisiciones y préstamos, era recogida por el Conde de Gondomar en cartas, billetes y apuntes. El 31 de octubre de 1619 le escribía Jorge Gaye, huésped en Valladolid del Duque de Lerma, que había visitado la casa y la biblioteca: "...la casa de V.S. me agradó en extremo, por el sitio y comodidad y también por lo que hay labrado en ella...La librería es como de Príncipe y pocas debe haber que tengan tanto bueno".

     No obstante, el empeño de organizar la librería se cumplió en los últimos años de su vida, una selecta biblioteca compuesta por 15.000 libros [2], de todas las facultades y lenguas, recogidos por eruditos españoles, colocados en cuatro grandes salones de altas paredes, con diez hileras de anaqueles en cada muro que acogían del suelo al techo tanto libros impresos como manuscritos, doctrinas diferentes, experiencias políticas y ediciones de todo género.

     Orgulloso de su colección, el 18 de febrero de 1621 el Conde de Gondomar expresaba por escrito desde Londres su deseo de adornar la librería con retratos de vallisoletanos ilustres de aquel tiempo, informando que "para esto tengo dos pintores que llevaré conmigo, que hacen excelentes retratos". Es posible que uno de esos pintores hiciera el retrato de don Diego, junto al de su esposa y dos de sus hijos, que tal vez fue copiado por un anónimo madrileño, en el primer tercio del XVII, en una pintura que se conserva en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid y que permite acercarnos al semblante de don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar, en su faceta de Corregidor de Valladolid (ilustración 2).

     El retrato del Conde de Gondomar responde a los prototipos cortesanos de la época. Aparece de pie, con un perro a los pies y al fondo un bufete rojo, sobre el que se apoya un sombrero alto, y una cortina entre columnas. Luce un jubón listado, lechuguilla, capa corta, calzas, medias negras y zapatos de cuero, con la espada al cinto y una gruesa cadena al cuello de la que pende la venera de Calatrava. Casi calvo y entrecano, muy corto el pelo y la barba, excepto la perilla; los bigotes no demasiado largos y caídos; gran nariz y grandes orejas, frente amplia, cejas pobladas y ojos penetrantes. Escrito sobre los fustes de las columnas del fondo aparecen inscripciones. En la parte superior se especifica AETATIS SVAE 52 FACIEBAT 1621 y en la otra columna el lema DA LA VIDA OSAR MORIR.

     También nos ha sido legado un grabado con un retrato que fue elegido por el propio Conde de Gondomar para encabezar un volumen de su biblioteca con una compilación: Collectio effigiarum Regum, Principuum et eliorum qui seculi XVI et sequente floruere, cuyo ejemplar se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid (ilustración 9). El retrato del Conde de Gondomar está fechado en 1622, se acompaña de rica orla en la que figura su lema "Osar morir da la vida" y está firmado: insculptum a Guill, Passeo eidenque Comiti DD, con los versos "Deo fidelis, Principii, hominibus simul / complectar omnia? Gentis Hispanae decus".

     Aparte de un epistolario de casi 15.000 cartas, esta es una relación testimonial de algunas de las obras conservadas en su día en los estantes de la biblioteca del Conde de Gondomar [3]:
- Escritos de Fray Prudencio de Sandoval, cronista de "los cinco Reyes" y del emperador Carlos V.
- Las Décadas, de Antonio de Herrera.
- Escritos del maestro Gil González Dávila.
Escritos del doctor Pedro Salazar de Mendoza, biógrafo del Cardenal Mendoza y autor de Las dignidades de Castilla.
- Escritos sobre la Orden de Santiago e Historia de Galicia, de Fray Fernando de Ojea.
- Historia de Valladolid, de Antolínez de Burgos.
- Historia de Ávila, de Fray Luis de Ariz.
- Escritos autógrafos de Alonso de Ercilla.
- Razón de muchas cosas tocantes al bien, prosperidad y riqueza, fertilidad de los Reinos, del médico Cristóbal Pérez Herrera.
- Marial, del agustino gallego Fray Luis de Azevedo.
Diccionario etimológico, de Francisco del Rosal.
- Poemas de Francisco de Rioja, el poeta de las flores.
- Escritos, del místico Fray Juan de los Ángeles.
- Elogio del Marqués de Santa Cruz, de Alonso de Ercilla.
- Retratos de plomo de los "verdaderos San Bernardo y San Gregorio".
- Cuarto Tomo, del P. Suárez, libro raro adquirido en Salamanca.

     La célebre biblioteca del Conde de Gondomar fue cedida en 1785 por sus descendientes a Carlos IV, conservándose la mayoría de los ejemplares en Madrid, repartidos entre la Biblioteca Nacional, la Real Biblioteca del Palacio Real y la Academia de la Historia. Por su parte, el palacio de la Casa del Sol fue comprado y ocupado como convento, entre 1912 y 1980, por las Madres Oblatas, que vendieron su propiedad a la Orden de los Mercedarios Descalzos, pasando en 1999 a ser propiedad del Estado. Durante las obras de remodelación del Museo Nacional de Escultura, la Casa del Sol pasó a integrarse en esta institución, acogiendo el espacio de la iglesia de San Benito el Viejo, desde febrero de 2012, la Colección de Reproducciones Artísticas.

     A pesar de ser un emblemático edificio que felizmente nunca fue objetivo de la piqueta y a pesar del sol radiante que corona su portada, nadie puede olvidar que sobre él se hizo la noche cuando de entre sus muros fue desmantelada y enviada a Madrid la ingente colección bibliográfica reunida por el Conde de Gondomar.

Informe: J. M. Travieso.

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NOTAS

[1] SÁNCHEZ CANTÓN, Fco. Javier y BERMUDEZ DE CASTRO, Salvador. Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar, 1567-1626. Discursos leídos ante la Academia de la Historia, Madrid, 1935. De este trabajo se han extraído la mayor parte de los datos de este artículo.
[2] URREA, Jesús. Arquitectura y nobleza. Casas y palacios de Valladolid. Valladolid, 1996, p. 102.
[3] SÁNCHEZ CANTÓN, Fco. Javier y BERMUDEZ DE CASTRO, Salvador. Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar, 1567-1626. Discursos leídos ante la Academia de la Historia, Madrid, 1935, p. 43.

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21 de noviembre de 2012

EL RETABLO DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, Juan de Juni, 1545



     La catedral de Valladolid ha llegado a tener a lo largo de su historia hasta tres retablos diferentes presidiendo la capilla mayor. El primero, colocado en 1670, era una discreta obra debida al ensamblador Pedro de Cea y los escultores José Mayo y Pedro Salvador. El 1865 fue sustituido por otro procedente de la iglesia de Arrabal de Portillo, al que se incorporó una pintura de la Asunción del vallisoletano Pablo Berasátegui. En 1922, con motivo de las obras de consolidación de la iglesia de Santa María la Antigua, el retablo elaborado por Juan de Juni para este templo fue trasladado con carácter provisional a la catedral, donde su perfecto acoplamiento al presbiterio hizo que no regresara jamás a su emplazamiento original.

     El retablo de Juan de Juni, que fue concertado el 12 de febrero de 1545, está dedicado a la Virgen y formado por banco, tres cuerpos y ático, por los que se distribuyen escenas en relieve de la vida de María y de Cristo, junto a un santoral en bulto redondo relacionado con los personajes centrales, entre los que destaca la imagen titular de la Inmaculada Concepción, obra maestra de Juan de Juni.

     Este vÍdeo permite acercarnos para apreciar algunos detalles.

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20 de noviembre de 2012

19 de noviembre de 2012

Viaje virtual: IGLESIA DE LA PAZ DE ŚWIDNICA (Polonia) en 360º





     La iglesia de la Paz de la Santísima Trinidad fue construida en Swidnica (Polonia) entre 1656-1657, para el culto protestante, toda ella en el imperante estilo barroco. Su construcción estuvo condicionada a no poder utilizar piedra, ladrillos ni clavos, por lo que se construyeron exclusivamente en madera los soportes, muros y cubiertas, después recubiertos con pinturas, estando considerada como la iglesia de este tipo más grande de Europa.
     Junto con su coetánea de Jawor (Polonia), un poco más pequeña, fue declarada por la Unesco en 2001 como Patrimonio de la Humanidad.

Para acceder pulsa aquí
Se recomienda poner a pantalla completa.

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16 de noviembre de 2012

Visita virtual: EL MARTIRIO DE SAN MAURICIO, magistral interpretación de una leyenda medieval




MARTIRIO DE SAN MAURICIO Y LA LEGIÓN TEBANA
Doménikos Theotokópoulos, el Greco (Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614)
1580-1582
Óleo sobre lienzo
Pinacoteca del Monasterio de El Escorial (Madrid)
Pintura del Renacimiento. Manierismo


     Corría el año 1579 cuando Felipe II estaba ocupado en la decoración del recién construido monasterio de El Escorial, pero el 28 de marzo se produjo la inesperada muerte del pintor riojano Juan Fernández de Navarrete, más conocido como Navarrete el Mudo, que tenía dedicado a tales menesteres, por lo que inició una búsqueda de artistas para rematar los retablos laterales de la basílica. En junio de aquel mismo año, con motivo de las fiestas del Corpus, Felipe II, acompañado de la reina y las infantas, pasó diez días en Toledo, donde tuvo la ocasión de conocer en la catedral el Expolio de El Greco, pintor que había llegado a España tres años antes. La pintura movió al monarca a solicitar al artista cretense una con la escena del Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, lo que favorecía la posibilidad de que continuase trabajando en la basílica junto a otros artistas consagrados.

     La elección del tema no era improvisada, pues el rey consideraba necesaria la presencia de San Mauricio en el repertorio de la iglesia debido a la existencia de reliquias en la misma y por ser considerado, junto a San Andrés, patrono de la Orden del Toisón de Oro, cuyo rango de Gran Maestre de la Orden había pasado a los Austrias españoles a través de Felipe el Hermoso, así como por representar los valores de la lucha contra la herejía, un asunto con el que el monarca se sentía plenamente identificado.


     El Greco respondió a la petición real haciendo una fantástica interpretación del tema en una pintura de gran formato (448 x 301 cm.) destinada a uno de los altares, pero, sin que conozcamos las verdaderas razones, la escena no llegó a encajar en las ideas estéticas y decorativas del monarca, que rechazó la obra por considerarla arcaizante y poco épica, imposibilitando con ello el futuro trabajo del cretense en el monasterio, en el que, desgraciadamente, encontrarían trabajo bastantes pintores de mediocre calidad. El Greco, completamente decepcionado y sintiéndose incomprendido, abandonó los círculos palatinos y se retiró a Toledo, donde instaló definitivamente su estudio para atender otros importantes encargos. Por su parte, Felipe II encargó otra versión del tema al pintor italiano Rómulo Cincinato (ilustración 6).


     A pesar de todo, hoy día el Martirio de San Mauricio está considerado como una genial obra maestra de El Greco, tanto por su composición como por la ejecución con una técnica tan personal. Todo es originalidad en su planteamiento. En primer lugar por situar el momento estricto del martirio en un segundo plano, reservando el lugar de honor para colocar a distintos santos de la Legión Tebana a modo de "sacra conversazione", con personajes sobre un promontorio que insinúan estar dilucidando de forma filosófica la conveniencia y aceptación del martirio que, de forma secuencial y narrativa, aparece plasmado en las pequeñas escenas desplegadas por detrás.

     Realzando el acontecimiento y como es habitual en la obra de El Greco, la composición se articula en dos niveles, uno terrenal y otro sobrenatural, en este caso con una gloria abierta de sombríos nubarrones entre los que ángeles, en plena agitación, derraman coronas y palmas sobre los mártires, al tiempo que otros tañen instrumentos sugiriendo una música celestial de celebración por el gesto de catolicidad de los voluntariamente sacrificados.

     Abundan en la escena una diversidad de planos y de perspectivas, así como elaborados escorzos y elegantes posturas de contrapposto, mientras que con gusto manierista elige un colorido frío, con gran profusión de tonos violáceos, con zonas iluminadas de forma desigual a través de una luz cenital que procede de la gloria abierta, lo que impregna a la pintura de una atmósfera irreal y da lugar a una representación muy alejada de los típicos cuadros de altar de la época.

     En la pintura El Greco manifiesta su capacidad para fundir motivos de la ortodoxia medieval con nuevos elementos iconográficos, de modo que, a primera vista, la escena supuestamente ocurrida en el siglo III, al aparecer elementos militares del siglo XVI, como las alabardas y el estandarte, permite al tiempo asociar la lucha de los generales españoles contra la herejía y el paganismo, estableciendo un paralelismo con la Legión Tebana. 

     Según la leyenda, San Mauricio era un oficial romano a cuyas órdenes estaba la Legión Tebana, compuesta por soldados procedentes de la provincia de Thebaida (Alto Egipto) y todos seguidores del cristianismo. A pesar de que hay diferentes versiones de la historia, era aceptado que en tiempos del emperador Maximiano (285-305), durante su estancia en las Galias, estando acantonados en Agaune (hoy Saint-Maurice, Suiza), recibieron la orden imperial de realizar sacrificios a los dioses romanos, pero al negarse el emperador ordenó la ejecución de los 6.666 legionarios, que desde entonces fueron considerados mártires.
          
     Ese martirio es el que representa la pintura, con San Mauricio colocado de frente, barbado, con una coraza azulada un tanto convencional y descalzo. Está acompañado por sus capitanes, San Exuperio, que porta un estandarte rojo, y San Cándido, que aparece de espaldas al espectador. Formando el grupo del primer plano, también aparece un personaje con túnica que ha sido identificado por algunos como el apóstol Santiago el Menor, que convirtió a toda la legión al cristianismo, así como un personaje maduro con armadura identificado como el Duque Enmanuel Filiberto de Saboya, comandante de las tropas españolas en San Quintín y Gran Maestre de la Orden Militar de San Mauricio, y a su lado Alejandro de Farnesio, duque de Parma, que por entonces luchaba en los Países Bajos.
      
     Más atrás se muestra el martirio propiamente dicho, con los legionarios vestidos con túnicas semitransparentes o desnudos esperando ser decapitados por el verdugo colocado de espaldas. Junto a él aparece de nuevo San Mauricio reconfortando a sus compañeros, con la figura a sus espaldas de don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II y vencedor en Lepanto, y a sus pies el escorzo de un legionario desnudo y decapitado que impregna a la escena de un dramatismo ausente en el resto del cuadro.

     San Mauricio fue un santo muy popular en toda la Europa occidental durante la Edad Media y patrono de los emperadores del Sacro Imperio Romano-Germánico, dando lugar a numerosos escritos sobre su historia, no siempre coincidentes, en base a distintas tradiciones orales. Según uno de ellos, redactado hacia el año 430 por Eucherio, obispo de Lyon, fue Teodoro o San Teódulo, obispo de la población suiza de Martigny (antigua Octodurus), quien recibió la revelación de donde yacían los restos de los mártires de la Legión Tebana en Agaune, erigiendo en el lugar, tras excavar y encontrar las reliquias, una basílica a ellos dedicada, pronto convertida en popular centro de peregrinación.

     Con el paso del tiempo, a principios del siglo XVII, las reliquias del cuerpo de San Mauricio fueron conseguidas por la madre Magdalena de San Jerónimo, dueña de cámara de la infanta Isabel Clara Eugenia, hija predilecta de Felipe II, durante su estancia en Flandes. En 1604 eran donadas a la ciudad de Valladolid, donde se organizó una solemne y multitudinaria procesión y grandes festejos durante su recepción, para la que se elaboró  expresamente un lujoso relicario y un vistoso estandarte, asistiendo a la ceremonia los reyes Felipe III y Margarita de Austria, el Duque de Lerma, los Príncipes de Saboya, todo el Ayuntamiento en pleno y gran cantidad de fieles devotos.


Informe: J. M. Travieso.
















Martirio de San Mauricio. Rómulo Cincinato, 1583. Monasterio de El Escorial.      


















Representación de San Mauricio y la Legión Tebana en una miniatura de los siglos IX-X, Biblioteca Nacional de Francia.


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12 de noviembre de 2012

Exposición: ÍBEROS, del 13 de noviembre al 15 de diciembre 2012

ÍBEROS
NUESTRA CIVILIZACIÓN ANTES DE ROMA

Carpa instalada en el Paseo del Campo Grande de Valladolid
Ayuntamiento de Valladolid y Obra Social de La Caixa.

     A partir del siglo VI a. C. diferentes tribus habitaron la costa mediterránea y la zona meridional de la Península Ibérica, desde Andalucía hasta el sudeste de Francia. Compartieron una misma cultura y desarrollaron un arte propio. Todas juntas dominaron y gobernaron el mismo territorio y establecieron ciudades y poblados donde comerciaban con griegos y fenicios. La exposición "Íberos. Nuestra civilización antes de Roma" presenta los rasgos fundamentales de la denominada cultura ibérica: la cultura que aglutinó a ese grupo de pueblos, su formación, su arte, su organización política y social, su vida cotidiana y sus creencias.



HORARIO DE VISITAS
De lunes a viernes: de 12:30 a 14 y de 17 a 21 h.
Sábados, domingos y festivos: de 11:00 a 14 y de 17 a 21 h.

Visitas guiadas
De lunes a viernes: a las 18 h.
Sábados, domingos y festivos: a las 12 y a las 18 h.

Visita de grupos, previa cita
De lunes a viernes: de 9:30 a 13:30 y de 15 a 17 h.

Teléfono de reservas: 902 906 666

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9 de noviembre de 2012

Historias de Valladolid: MAGDALENA DE SAN JERÓNIMO, un estandarte para las reliquias y galeras para redimir a las "mujeres enamoradas"


     El peculiar personaje de doña Beatriz de Zamudio, que sin profesar de monja adoptó el nombre de Magdalena de San Jerónimo, adquirió un especial protagonismo en Valladolid durante el quinquenio 1601-1606, cuando, debido a la influencia ejercida por el Duque de Lerma, la ciudad se hallaba convertida en la capital de la monarquía de Felipe III.

     Ya nos hemos referido en otras ocasiones a lo que este hecho supuso para la ciudad, especialmente la avalancha de nuevos vecinos de toda índole y condición que, en tan sólo dos años, provocaron un aumento demográfico que superaba los 70.000 habitantes. La llegada de la familia real, de los miembros de los Consejos, de nobles acompañados de sus criados, de funcionarios y embajadores con sus séquitos, tuvo su correlación en el asentamiento de nuevas órdenes religiosas, comerciantes, artesanos, escritores y artistas plásticos, todos intentando medrar al amparo de la Corte.
     Ello dio lugar a una actividad febril en todos los órdenes: constructivo, comercial, religioso, creativo y festivo. A ello no era ajena la competencia de la propia ciudad con el Duque de Lerma en el deseo de entretener al abúlico rey, unos con la intención de perpetuar la capitalidad junto al Pisuerga y el otro para mantener el favor real e intervenir en su nombre en los asuntos de estado, como lo venía haciendo habitualmente.

     Tal como lo reflejara con acierto Tomé Pineiro da Veiga en su Fastiginia, en aquellos años eran constantes los banquetes, las justas de cañas, las corridas de toros, las representaciones teatrales, las mascaradas, los desfiles, los bailes y las exhibiciones en el Pisuerga (ver artículo dedicado a Jerónimo de Ayanz), que se alternaban con procesiones, autos sacramentales, rogativas y fiestas religiosas, como las de la Cruz y el Corpus Christi. Para tales eventos se multiplicaron los escenarios: el Palacio Real, el Palacio de la Ribera, la Plaza Mayor, la Plaza de San Diego (Brígidas), el Campo Grande, etc.

LAS MUJERES ENAMORADAS

     Pero, paralelamente a estas actividades, también proliferaron por los bajos fondos de la ciudad los pícaros, los ladrones y otra gente de mal vivir, entre ellos las prostitutas, que acudieron como moscas a la miel, de modo que junto a la "Casa de Mancebía", controlada por el Ayuntamiento en terrenos próximos al Hospital de la Resurrección (actual Casa Mantilla), donde ejercían las llamadas "mujeres enamoradas", comenzaron a aparecer las "cantoneras", aquellas que ofrecían sus servicios en los cantones o esquinas, junto a otras diseminadas por las puertas de la ciudad y por la Ronda de San Antón (actual calle José María Lacort), una actividad considerada perjudicial para la seguridad y la salud pública.

     Fueron precisamente las "mujeres enamoradas" el blanco de la madre Magdalena de San Jerónimo, que por aquellos años se dedicó en cuerpo y alma a intentar redimir a las mujeres de vida fácil, a reconducirlas como "arrepentidas", a que fueran asistidas e incluso procurando que profesaran como monjas en el convento de San Felipe de la Penitencia (actual iglesia de la Paz, en la Plaza de España). Para ello no escatimó tiempo ni recursos en aquella sociedad sacralizada, llevando a cabo una campaña inflexible, no exenta de fanatismo religioso, cuyo carácter inquisitorial afectó a numerosas "mujeres enamoradas", muchas de las cuales acabaron en las recién creadas cárceles de mujeres, una práctica que, inspirada por Magdalena de San Jerónimo, llegaría a implantarse en otras muchas ciudades españolas.

LA MADRE MAGDALENA DE SAN JERÓNIMO

     La madre Magdalena de San Jerónimo, cuya verdadera identidad era doña Beatriz de Zamudio, era una dama virtuosa y opulenta que vivía en Valladolid durante el reinado de Felipe II, donde, obsesionada con las "mujeres de mala vida", realizó la fundación de la Casa Pía de Santa María Magdalena, también conocida como Casa de la Aprobación, dependiente de la parroquia de San Nicolás y situada frente a ella, regida y administrada por la Cofradía de Santa María Magdalena y tutelada por el Duque de Lerma, donde las prostitutas "arrepentidas" eran recogidas y adoctrinadas para recibir el hábito en San Felipe de la Penitencia [1].


     Magdalena de San Jerónimo Inició su actividad como dama de corte, trasladándose a Madrid para ejercer como "dueña de cámara" de la infanta Isabel Clara Eugenia, hija predilecta de Felipe II, a la que en 1598 el rey otorgó como dote los Países Bajos y el ducado de Borgoña en su inminente matrimonio con su primo hermano el archiduque Alberto de Austria, nieto de Carlos V.

     En la toma de posesión de la infanta como Soberana de los Países Bajos, fue acompañada hasta Flandes por Magdalena de San Jerónimo, que consiguió durante esta estancia una autorización especial del papa Clemente VIII para recopilar un importante cargamento de reliquias procedentes de conventos e iglesias de Colonia y Tréveris.

     En 1604 Magdalena de San Jerónimo regresaba con su colección de reliquias desde Flandes a Valladolid, por entonces convertida en la capital de España. Su máxima preocupación era dotar de estabilidad económica a su fundación, la Casa Pía de la Aprobación, que había incrementado sus gastos, motivo por el que no había podido edificar una iglesia o capilla, ni una casa cómoda como residencia de las religiosas y las arrepentidas recogidas [2].

EL ESTANDARTE DE SAN MAURICIO

     Con la intención de aumentar el prestigio de su fundación vallisoletana y de conseguir donativos de los fieles, del Ayuntamiento y de la Corte para sus fines, Magdalena de San Jerónimo llevó a cabo un plan muy bien calculado: la entrega de los cuerpos completos de San Mauricio, mártir de la Legión Tebana, y San Pascual papa (según Sangrador y Vítores), uno a la ciudad de Valladolid y otro a la Casa Pía de la Aprobación, junto a un buen cúmulo de aquellas reliquias traídas de Flandes.

     Una de las reliquias tan veneradas, la que fuera destinada a una capilla dependiente de San Nicolás, donde realizaba sus cultos la Casa Pía de la Aprobación, fue acondicionada a petición de Magdalena de San Jerónimo en un relicario de plata repujada que estaba encerrado en un arca forrada de damasco y cerrada por tres llaves, acompañado por los relieves de dos santos de su devoción: María Magdalena y San Jerónimo. El otro cuerpo, perteneciente a San Mauricio, que sería entregado a la ciudad, fue depositado en un arca forrada de plata, con guarnición de terciopelo y detalles de bronce dorado, cuyo importe, dos mil reales de plata, fue costeado por el Ayuntamiento de Valladolid. Para recibir tan importante donación sacra, como era habitual por aquellos años, se prepararon grandes festejos a los que asistieron los piadosos reyes Felipe III y Margarita de Austria.

     En la tarde del 22 de septiembre de 1604, día de San Mauricio, tenido por santo patrono de la prestigiosa Orden del Toisón de Oro, salía una solemne procesión de la Catedral presidida por Juan Bautista Acevedo, Inquisidor General y obispo de Valladolid, vestido de pontifical, y detrás el Duque de Lerma, en su calidad de regidor de la ciudad, junto a los Príncipes de Saboya y representantes de los Consejos del Reino y del Ayuntamiento en pleno portando cirios, que se dirigieron hasta la Casa Pía de la Aprobación para recoger las reliquias. Al frente de la comitiva figuraba el estandarte de San Mauricio, de gran tamaño (2,90 x 1,70 m.) y confeccionado expresamente para tal acontecimiento, un guión realizado en damasco de seda de color carmesí, ribeteado de pasamanería dorada y pintado por sus dos caras por un anónimo pintor vallisoletano, en el anverso con la figura de San Mauricio y en el reverso con sus compañeros San Víctor y San Urso martirizados, también santos decapitados de la Legión Tebana, ambas escenas rodeadas de emblemas entre los que figuran los correspondientes a la ciudad de Valladolid, a la Cofradía de Santa María Magdalena, a la reina Margarita de Austria, al papa Clemente VIII y el anagrama de los jesuitas, defensores de la veneración a las reliquias. Este estandarte, sobrecogedor testimonio de toda esta historia, actualmente se conserva en el Museo de Valladolid [3].

      Una vez hecha la entrega, el cortejo, siempre presidido por el Estandarte de San Mauricio, y acompañado por atabales, trompetas y grupos de danzantes llegados de Tudela, Peñaflor de Hornija, Villanubla, Valdestillas, Cabezón de Pisuerga y Laguna de Duero, regresó hasta la Catedral deteniéndose en el Palacio Real, donde aguardaban los reyes Felipe III y Margarita de Austria, que rindieron honores colocando bajo su ventana un altar de tres gradas, cubiertas por paños de ricos brocados, donde reposaban los relicarios del oratorio de la reina. Sobre ellas se depositaron las urnas de los dos santos, al tiempo que interpretaban dos motetes los cantores de la Capilla Real y de la Catedral, haciendo sonar después chirimías y otros instrumentos [4].
     Después de recorrer la procesión todo el centro urbano, se leyeron las poesías de un concurso en alabanza de los "cuerpos santos tebanos" y se quemaron en distintas plazas fuegos artificiales organizados por el Ayuntamiento.

     Dos semanas más tarde de tan sonado y concurrido acontecimiento, Magdalena de San Jerónimo solicitaba al Ayuntamiento que se hiciera cargo de la Casa Pía de la Aprobación, hecho que se consumó el 13 de marzo de 1605, compartiendo el patronato con el prior del convento de San Pablo. Conseguidos sus objetivos, Magdalena de San Jerónimo regresó a Flandes, comenzando a urdir la creación de cárceles correccionales para mujeres "públicas" y delincuentes, las denominadas "galeras para mujeres".
     
LAS GALERAS DE MUJERES
 
     Resulta curioso y paradójico que Magdalena de San Jerónimo, descrita como piadosa y virtuosa por sus contemporáneos, fundadora de la Casa de la Aprobación en Valladolid, movida por su preocupación por las mujeres de su época que habían perdido el temor de Dios, fuese la promotora de la creación de las "galeras para mujeres", casas de castigo así llamadas porque eran equiparables a la pena de remar en galeras en el mar a la que eran condenados los varones delincuentes.

     Con este objetivo escribió “Razón y forma de la Galera y Casa Real, que el rey, nuestro señor, manda hacer en estos reinos, para castigo de las mujeres vagantes, y ladronas, alcahuetas, hechiceras, y otras semejantes”, un pequeño tratado que fue publicado en 1608, tanto en Valladolid como en Salamanca. Esta obra dio el impulso definitivo a la creación de las primeras cárceles para mujeres, pues, al poco tiempo de su publicación, Felipe III ordenaba la construcción de Casas Galera en Valladolid y Madrid. Algo después se extenderían a otras muchas ciudades, como Salamanca, Zaragoza, Barcelona, Valencia y Granada.

     En esta obra, Magdalena de San Jerónimo enumera las que merecían el calificativo de "perdidas", como aquellas que salen por la noche "como bestias fieras de sus cuevas a buscar la caza" haciendo cometer a los hombres gravísimos pecados, o las que vendían jóvenes "concertando el tanto o más cuanto como ovejas para el matadero", incluyendo a las que se dedicaban a pedir limosna cargadas de niños para dar lástima y las "mozas de servicio". Estas últimas eran especial objeto de ira de la madre Magdalena, afirmando que estaban tan llenas de vicios, trabajaban tan mal y ponían tantas condiciones "que más parece que entran para mandar que para servir" [5].

     Para solucionar estos problemas, la madre Magdalena de San Jerónimo sugería dos soluciones que se hicieron efectivas: la creación de colegios de niñas huérfanas, donde fueran educadas con cristiandad y "policía" (extraño término), y la construcción de casas-galeras para recluir a las ya perdidas, lo que demuestra la tremenda dureza para con los débiles en la sociedad del siglo XVII.

     Las Galeras de mujeres promovidas en su publicación debían regirse por un estricto reglamento que recomendaba edificios sin ventanas ni comunicados con otras viviendas, con discretos dormitorios, sala de labor, "pobre despensa", capilla, pozo, pila para lavar y una cárcel secreta, espacio de castigo para las rebeldes incorregibles. Por si fuera poco, la galera debía contar con "todo género de prisiones, cadenas, esposas, grillos, mordazas, cepos y disciplinas de todas hechuras de cordeles y hierros", instrumentos que espantaran a las reclusas sólo con verlos.
     El reglamento también obligaba a las mozas de servicio forasteras que llegasen a la ciudad, con un plazo de seis días, a presentarse en la galera para informar de la búsqueda de casa adonde servir, para evitar ser detenidas sin amo y castigadas por ello. Los alguaciles estaban obligados a detener a todas las mujeres "perdidas" encontradas por la noche en esquinas, cantones, caballerizas y portales y por el día pidiendo limosna en posadas, mesones y huertas, especialmente en tiempo de Cuaresma.

     A las reclusas no sólo les quitaban sus vestidos, les rapaban la cabeza y les alimentaban exclusivamente a pan y agua, sino que les aplicaban con rigor el trato a seguir indicado de la madre Magdalena de San Jerónimo: "si blasfemaren, o juraren, pónganlas una mordaza en la boca; si alguna estuviese furiosa, échenla una cadena; si se quiere alguna salir, échenla algunos grillos, y pónganla de pies o cabeza en el cepo, y así amansarán; y dándoles muy buenas disciplinas delante de las otras, escarmentarán en cabeza ajena y temerán otro tanto. Conviene también que de noche duerman algunas de las inquietas con alguna cadena o en el cepo ..., porque no estarán pensando sino por dónde irse, o cómo podrán aporrear a las oficialas, o mesarse unas a otras y hacerse cuanto mal pudieren".

     Estos términos se endurecían en el caso de las "perdidas" incorregibles: "Cuando alguna de estas mujeres saliere de la galera con mandamiento de la Justicia -expresaba- se le avise con veras que se guarde no volver otra vez a la dicha galera, porque se le dará la pena doblada y será herrada y señalada en la espalda derecha con las armas de la ciudad o villa donde hubiera galera, para que así sea conocida y se sepa haber estado dos veces en ella. Y si alguna fuere tan miserable que venga tercera vez a la galera, el castigo será tresdoblado, con protesta y apercibimiento que si fuere tan incorregible que venga la cuarta vez será ahorcada a la puerta de la misma galera".


     Con esta cruzada contra el pecado la madre Magdalena aspiraba a desterrar el ocio, origen de toda tentación según ella, lograr mozas de servicio honestas y fieles, obligar a las mujeres a bien vivir y redimir a las reclusas en galeras por el camino de la virtud. Y aunque parezca exagerado que todo ello se llevara a cabo con tanto rigor, así ocurrió gracias a la tenacidad de tan inspirada y piadosa dama, cuyas ideas redentoras sufrieron un sinfín de desgraciadas. Ni tan virtuosa pensadora ni los gobernantes encontraron en la pobreza y en las injusticias sociales el motivo de que aquellas mujeres llevaran tan "mala vida", siendo incapaces de deducir que mientras éstas existan, es imposible eliminar, no sólo la prostitución, sino cualquier tipo de delincuencia.
  
Informe: J. M. Travieso


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NOTAS

[1] Así se define en una certificación realizada en 1597, a petición de Magdalena de San Jerónimo, del documento realizado en 1589 por Magdalena de Ulloa. Archivo Histórico Nacional, Clero, Legajo 7.844.
[2] Archivo Municipal de Valladolid, Doc. "Chancillería", Caja 39, Exp. 16, ff. 12r-12v.
[3] El Estandarte de San Mauricio se conserva en el Museo de Valladolid (Palacio de Fabio Nelli) y fue terminado de restaurar el año 2011 por el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, dependiente de la Junta de Castilla y León y situado en la localidad de Simancas (Valladolid). Está confeccionado en seda natural teñida y tiene forma rectangular, en sentido vertical, compuesto por tres paños cosidos y un dobladillo para alojar una vara horizontal, con un remate en la parte inferior de cinco lóbulos de los que penden borlas. Las pinturas están aplicadas al óleo, sin base de preparación, y se acompaña de ribetes de hilos dorados. 
Más información: Eloísa Wattenberg y Lourdes Amigo, El estandarte de San Mauricio del Museo de Valladolid: Reliquias de Flandes en la Corte de España. 1604, Asociación de Amigos del Museo de Valladolid-Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2012, pp. 91-95.
[4] Crónica de Diego de Guzmán, Reyna católica. Vida y muerte de doña Margarita de Austria, reina de España, Madrid, 1617.
[5] Alicia Fiestas Loza. Las cárceles de mujeres, Historia 16, Extra VIII, 1978, pp. 89-99.


Ilustraciones:
1 Estandarte de San Mauricio ante la fachada del Palacio Real de Valladolid, con los retratos de Felipe III, el Duque de Lerma y Margarita de Austria.
2 Procesión de la Virgen de San Lorenzo en Valladolid con la leyenda: "Estando la reina de España Doña Margarita de Austria muy apretada de una grave enfermedad pidió que se llevase a su oratorio a Nuestra Señora de San Lorenzo y luego la dio salud y en hacimiento de gracias la ofreció muchos dones, y con gran solemnidad el rey Don Felipe III la volvió a su casa". Matías Velasco, 1621. Iglesia de San Lorenzo, Valladolid.
3 Escena de época. Detalle de un azulejo del Palacio Pimentel de Valladolid.
4-5-6 Estandarte de San Mauricio, Museo de Valladolid.
7 Relicario con el cráneo de San Mauricio, Catedral de Valladolid (Sobre foto de J. A. Cabrerizo.
8 Edición de la obra de Magdalena de San Jerónimo, Salamanca 1608. Biblioteca Nacional, Madrid.
9 Velázquez. Dibujo de dama, hacia 1618. Biblioteca Nacional, Madrid.
10 Antigua prisión.
11 Localización de la Casa de la Aprobación de Valladolid.
12 Estandarte de San Mauricio expuesto en el Museo de Valladolid después de su restauración.

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