13 de diciembre de 2017

Bordado de musas con hilos de oro: CUANDO UN ÁRBOL GIGANTE SE SUICIDA, de Gloria Fuertes


EN LOS BOSQUES DE PENNSYLVANIA

Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros,
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
—sinfónica explosión donde hubo nidos—,
crujen todos sus huecos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.

GLORIA FUERTES

* * * * *

11 de diciembre de 2017

Obras comentadas del Prado: EL NACIMIENTO DE LA VIRGEN, de Luis de Morales



Elena Cenalmor (Gestión de colecciones, Dirección Adjunta de Conservación del Museo del Prado) comenta el cuadro "El Nacimiento de la Virgen" de Luis de Morales, realizado entre 1562 y 1567.

* * * * *

8 de diciembre de 2017

Theatrum: INMACULADA CONCEPCIÓN, una alegoría de propaganda contrarreformista












INMACULADA CONCEPCIÓN
Juan Sánchez Cotán (Orgaz, Toledo, 1560-Granada, 1627)
Hacia 1617
Óleo sobre lienzo
Retablo de la capilla de la Inmaculada, iglesia de Santiago Apóstol, Valladolid
Pintura protobarroca española














Retablo de la Inmaculada Concepción
Iglesia de Santiago, Valladolid
En la iglesia de Santiago de Valladolid se abre la capilla de la Inmaculada Concepción, levantada en el primer tercio del siglo XVII en el lado del evangelio sobre otra anterior que había pertenecido a doña Ana Gajardo y cuyo nuevo patronato fue ejercido por don Marcos Sánchez de Aranzamendi y su esposa doña Luisa de Estrada. En ella encontró su sede la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, que colocó al frente una escultura estofada de su devoción titular1. Hacia 1640 fue realizado por el ensamblador Melchor de Beya, hijo, el retablo que preside actualmente la capilla, formado por predela, un cuerpo organizado en tres calles y ático. Se trata de un retablo clasicista, de sensibilidad barroca, que todavía mantiene algunos elementos manieristas, como el remate en forma de frontón curvado roto, guirnaldas colgantes y racimos de frutos en relieve, todo él concebido para albergar hasta once obras pictóricas de los pinceles de tres autores diferentes.

En la predela, siguiendo una disposición simétrica, se encuentran las pinturas de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, San Pedro, un busto del Ecce Homo en la puerta del sagrario, San Pablo y Santa Úrsula y sus compañeras. En las calles laterales del cuerpo, dispuestas a dos alturas, aparecen representaciones de San Juan Evangelista y San Luis, en la izquierda, y San Andrés y San Juan Bautista en la derecha, mientras que en el ático se muestra la figura del Salvador. Todas ellas son atribuidas a Diego Valentín Díaz, a excepción de la tabla del Ecce Homo, que es una obra anterior reaprovechada de autor desconocido. Ocupando el espacio central destaca una representación de la Inmaculada Concepción, magnífica obra de Juan Sánchez Cotán que fue el leitmotiv para la composición de dicho retablo.

Actualmente podemos contemplar su aspecto según la disposición original, aunque durante mucho tiempo no fue así, pues en esta capilla se estableció en 1862 la Cofradía de Santa Lucía, que desplazó la pintura de la Inmaculada a la capilla de los Reyes, sustituyéndola por una escultura de Santa Lucía, obra de mediados del siglo XVIII procedente de la ermita de Ntra. Sra. del Val, donde era venerada por el gremio de tejedores2
Predela del retablo de la Inmaculada
Diego Valentín Díaz, San Pedro y San Pablo / Anónimo s. XVI, Ecce Homo

También se cerró con una reja renacentista de mediados del siglo XVI procedente del monasterio de San Benito el Real, de donde fue retirada tras la Desamortización. Así permaneció desde entonces hasta tiempos recientes, en que la pintura de la Inmaculada Concepción ha sido restituida a su lugar de origen, permitiendo comprender la repercusión en Valladolid de lo que fuera en toda España, durante el siglo XVII, un fenómeno de controversia sociológica y religiosa en torno a la doctrina defensora de que la Virgen nunca fue tocada por el pecado original.


SOBRE LA POLÉMICA INMACULISTA EN ESPAÑA

Es necesario situarse en la sociedad sacralizada de la época para comprender el alcance de la controversia. Ya en el siglo XVI, el debate sobre el momento en que la Virgen fue liberada por su Hijo del pecado original paso de ser tratado en exclusiva por teólogos eruditos a ser debatido en foros conventuales y populares. 
Predela del retablo de la Inmaculada
Diego Valentín Díaz, Imposición de la casulla a San Ildefonso y
Santa Úrsula y sus compañeras mártires
Esto generó en el campo de la pintura de finales del siglo XVI un movimiento de exaltación mariana en el que no era fácil plasmar en imágenes la victoria de María sobre el pecado original, apareciendo una peculiar iconografía de la Virgen Tota Pulchra que encontraba su inspiración en la descripción de las visiones plasmadas por San Juan en el Apocalipsis acerca de la mujer bella, rodeada de rayos luminosos, con la luna creciente a los pies y una corona de doce estrellas. Para remarcar su significado, los pintores incluyeron alrededor una serie de símbolos relativos a su pureza y virtudes, en ocasiones acompañados de cartelas explicativas, que están inspirados en figuras literarias extraídas del Cantar de los Cantares o de las Letanías Lauretanas (así llamadas por desarrollarse en el ámbito del santuario de la Virgen de Loreto).

De esta manera la imagen se convirtió en un verdadero símbolo, en una visión fuera del tiempo y el espacio cuyo éxito fue fulgurante, llegando a perdurar en las primeras décadas del siglo XVII, como ocurre en la pintura de Juan Sánchez Cotán, aunque poco después el acompañamiento de símbolos explícitos fue desapareciendo al no ser ya necesarios para identificar el tema, como ocurre en las versiones de Alonso Cano, Murillo, Velázquez, Zurbarán, Carreño de Miranda, etc.   

El fenómeno se iniciaba en 1615 en la ciudad de Sevilla, donde los dominicos, defensores del nacimiento de la Virgen con mácula, encontraron la oposición de franciscanos, jesuitas, trinitarios y carmelitas, que contando con el apoyo del arzobispo Pedro de Castro y Quiñones —defensor férreo del misterio—, se proclamaban como defensores de las teorías inmaculistas, un enfrentamiento en el que rápidamente se implicó toda la ciudad. El conflicto se convertiría en una verdadera guerra mariana que no estuvo exenta de violencia protagonizada por los dominicos del convento de Regina Angelorum, que insultaron y agredieron a los contrincantes, llegando a quemar grabados e imágenes de la Inmaculada Concepción.

Ático del retablo de la Inmaculada
Diego Valentín Díaz, El Salvador
Sin embargo, en la ciudad hispalense, decantada a favor del inmaculismo, se multiplicaron las fiestas en honor de la Virgen, se expandieron los panfletos y grabados, convirtiéndose una copla ideada por Miguel Cid en un auténtico himno cantado por los sevillanos, al tiempo que cofradías y conventos encargaban multitud de pinturas y esculturas, en ocasiones realizadas por maestros de la talla de Alonso Cano, Pedro Duque Cornejo, etc.

De otro lado, ante los tumultos originados, el arzobispo Pedro de Castro se dirigió al rey Felipe III solicitando una toma de posición, convirtiéndose la monarquía hispánica, a partir de 1616, en la principal defensora de la tesis inmaculista, llegando la polémica a tratarse como un asunto de Estado. A la causa enseguida se incorporaron las principales ciudades y universidades españolas, obteniendo por la presión de la diplomacia española en Roma el decreto Sanctissimus Dominus noster, expedido por Pablo V en 1617, y de Gregorio XV el decreto Sanctissimus en 1622, ambos en apoyo de la Inmaculda Concepción. En estas circunstancias, por toda España comenzaron a extenderse las celebraciones y las fundaciones de capillas y conventos dedicados a la Inmaculada. Recordemos el personal arquetipo creado por Gregorio Fernández en Valladolid, difundido hasta la saciedad por iglesias y conventos de toda la geografía castellana.

Gregorio Fernández, Inmaculada Concepción
Izda: Catedral de Astorga / Dcha: Convento de Santa Clara, Valladolid
Tras la persistencia en el empeño por parte del rey Felipe IV, enviando embajadas a Roma a modo de cruzada de la sociedad española, el triunfo a favor de la Inmaculada culminaba en Valencia al considerarlo un éxito diplomático de Felipe IV a través del embajador valenciano Luis Crespí de Borja, que logró que el papa Alejandro VII publicara en 1661 la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum, que establecía la fiesta de la Inmaculada Concepción en la Iglesia Católica cada 8 de diciembre. Esto dio lugar a la celebración de grandes fiestas en Valencia y a la multiplicación de las representaciones artísticas, pasando a ser el culto a esta advocación de la Virgen parte de la cultura de la Contrarreforma y del catolicismo —junto a la defensa de la Eucaristía— defendido por los Austrias.
No obstante, a pesar de ser declarada la Inmaculada Concepción en 1760 como patrona de España y de las Indias, para su proclamación definitiva como dogma de fe hubo que esperar hasta el 8 de diciembre de 1854, cuando el papa Pío IX lo dictó en la bula Innefabilis Deus.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE FRAY JUAN SÁNCHEZ COTÁN

La pintura de la Inmaculada Concepción de Juan Sánchez Cotán, que se conserva en Valladolid, responde a aquel ambiente de efervescencia mariana vivido con especial intensidad en Andalucía. El cuadro fue realizado por el monje pintor hacia 1617, cuando, después de residir desde 1610 a 1615 en la cartuja de El Paular (Segovia), regresó a la Cartuja de la Asunción de Granada, donde ejercitó sus dotes para la pintura hasta su muerte en 1627, realizando tanto la decoración de las distintas estancias del monasterio, como el refectorio o la sala de profundis con temas marianos, escenas evangélicas y episodios de la historia de los cartujos, como obras de caballete destinadas a otros territorios, como es este caso.

La pintura está realizada en óleo sobre lienzo y muestra una imagen gloriosa de la Virgen, que aparece representada como una adolescente de trece a quince años, con actitud orante —las manos juntas a la altura del pecho—, una larga y rubia cabellera y vistiendo una túnica púrpura —símbolo de pureza y partícipe de la Pasión—, ceñida a la cintura por un cíngulo, y un manto azul —símbolo de eternidad— que envuelve el cuerpo dejando apreciar una ornamentación de estrellas que sugieren el firmamento, así como una ancha orla en los bordes con apliques de perlas y piedras preciosas. A sus pies pisa una luna creciente, descansando ingrávida sobre una nube algodonosa en la que asoman cabezas de querubines, siguiendo un modelo iconográfico muy repetido en esta época contrarreformista.

En la escena, que se encuadra en un paisaje de valores simbólicos con la línea del horizonte muy baja, destaca la figura de la Virgen rodeada de los resplandores de una gloria abierta y asistida por la figura del Espíritu Santo en forma de paloma derramando su gracia. En torno suyo, entre las nubes, de acuerdo a la concepción de Tota Pulchra aparecen en forma icónica distintos elementos simbólicos que proclaman variados títulos de la Virgen glosados en la letanías, tal como radiante como el sol, hermosa como la luna, espejo sin mancha, estrella matutina, puerta del cielo o casa de oro.

Las glorias de la Virgen basadas en las letanías se continúan por el paisaje, donde se distinguen las referidas a refugio de pecadores, torre de David, torre de marfil, vaso espiritual (en forma de pozo) y salud de los enfermos (en forma de fuente), que se acompañan con motivos florales colocados en primer plano, con un rosal en el centro —rosa mística— y una planta de azucenas —madre castísima— que se compensa con otra de lirios —madre de Cristo— colocada en el lado opuesto. A esta simbología preestablecida se adapta también la paleta utilizada en cada uno de los elementos.

Estilísticamente, la escena aparece condicionada por la finalidad catequética de la misma, apreciándose como rasgo arcaizante para la época el hieratismo y la rígida frontalidad de la figura. No obstante, Sánchez Cotán se esmera en los pequeños detalles, como en la pedrería del manto, mostrando en el tratamiento de las flores un afán naturalista protobarroco que está relacionado con los elementos naturales que tan magistralmente incluye en sus prestigiosos bodegones.

Juan Sánchez Cotán realizaría entre 1617 y 1618 otra versión de la Inmaculada Concepción muy similar, con pequeñas variaciones en la túnica de la Virgen y los elementos simbólicos, para la cartuja de la Asunción en que residía, obra actualmente conservada en el Museo de Bellas Artes de Granada. 


ACERCA DEL PINTOR

Juan Sánchez Cotán, especialmente célebre por sus admirables bodegones —la mayoría pintados antes de 1603—, nació en Orgaz en 1560 y realizó su formación en Toledo, posiblemente como discípulo de Blas de Prado, el primer bodegonista español documentado. Perteneció a una familia de artistas, pues su hermano Alonso Sánchez Cotán fue escultor y residente en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), padre del escultor y ensamblador Alonso y del dorador y estofador Damián.

Juan Sánchez Cotán comenzó trabajando en Toledo, donde consiguió una amplia clientela gustosa de sus personales bodegones, en los que prevalece un sentido sobrio y austero en su composición — interpretados en clave mística por críticos como Emilio Orozco o Cavestany— muy diferentes a los fastuosos bodegones flamencos de la época.

En 1604 abandonaba Toledo para profesar como hermano lego en la estricta cartuja de la Asunción de Granada. Tras trasladarse unos años a la cartuja segoviana de El Paular, regresó al monasterio granadino, donde la orden valoró su talento y aptitudes para el arte solicitándole una buena serie de obras para el recinto en las que muestra una profunda religiosidad que le rodeó de un halo de santidad. Murió en la cartuja de Granada el 8 de septiembre de 1627, fiesta de la Natividad de la Virgen y aniversario de su profesión en la orden.

Juan Sánchez Cotán, Inmaculada Concepción
Izda: Museo de Bellas Artes, Granada / Dcha: Iglesia de Santiago, Valladolid 
Por su testamento, en el que da instrucciones detalladas para el reparto de su herencia entre sus familiares, se conoce que tuvo una vida desahogada gracias a su trabajo y que prestó dinero a menudo, figurando entre sus deudores El Greco, lo que demuestra una relación entre ambos. Hombre cultivado y aficionado a la música, se dedicó a pintar devotas obras de caballete de estilo refinado, aunque ha pasado a la historia de la pintura española por sus personales y naturalistas bodegones, muy apreciados desde el siglo XVII.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.
 Imágenes de los bodegones: Museos correspondientes.







Juan Sánchez Cotán. Bodegones
Izda: 1602, Museo del Prado / Dcha: H. 1602, Museo de San Diego, California
 
NOTAS

1 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid, Catálogo monumental de la provincia de Valladolid, Tomo XIV, parte primera, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985, p. 194.

2 Ibídem, p. 195.


* * * * *

4 de diciembre de 2017

Exposición: TESOROS ELÉCTRICOS, del 2 de diciembre 2017 al 11 de marzo 2018


MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA
PALACIO VILLENA
Valladolid

El Museo Nacional de Escultura presenta la exposición «Tesoros eléctricos», que revisa la Antigüedad a la luz de la Revolución Industrial. Alrededor de 80 piezas, facsímiles de orfebrería romana, pinturas y grabados, integran la muestra que se apoya en la propia colección de reproducciones artísticas del museo, así como de préstamos del Museo Nacional del Prado y el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología MUNCYT. La exposición se articula en seis apartados bajo los epígrafes: El "hada electricidad" (introducción); La vida social de los objetos pompeyanos (sala 1); Un museo para el "Estado Llano" (sala 2); ¿La vajilla de un general romano? (sala 3); "La vajilla de plata es mi gran pasión" y Ofrendas a un dios (sala 4).

Una exposición sobre arte y ciencia
Enmarcada en el siglo XIX, la muestra habla de lo que supuso la llegada de la electricidad a la sociedad, hallazgo que parecía encarnar el progreso y que recibió apelativos como «el hada electricidad» o «el fuego del cielo». La comunicación instantánea mediante telegrafía y telefonía, la conquista de la oscuridad con la lámpara incandescente, las pilas y acumuladores fueron algunas de sus sorprendentes aplicaciones, que encandilaron a la población europea a partir de la Exposición Internacional de Electricidad, celebrada en París, en 1881.

En lo artístico, el XIX fue igualmente un siglo tan ansioso de belleza y elegancia como huérfano de ideas propias, y, por ello, proclive a refugiarse en el pasado. La exposición organizada por el Museo Nacional de Escultura, recoge dicho interés por el pasado y por «lo eléctrico», que se conjugan en uno de los inventos de la época, la galvanoplastia, un procedimiento electroquímico que permitía obtener reproducciones metálicas absolutamente fieles, sin daño alguno para los originales y cada vez más perfeccionada.

Una exposición entre la Antigüedad y la Revolución industrial
La mayoría de las obras expuestas son facsímiles de orfebrería romana, espléndidos por su impresionante virtuosismo técnico, la gracia de sus proporciones y su rica ornamentación. Reproducen fielmente tesoros enterrados hace dos milenios, pero fueron fabricados entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX para la colección nacional de reproducciones artísticas que pertenece al Museo Nacional de Escultura. Ahora se exhiben por primera vez después de permanecer almacenadas.

El título, «Tesoros eléctricos», anuncia la singularidad de esta exposición que no ha querido limitarse a la simple y desnuda reunión de un conjunto de delicados facsímiles clásicos, asociándolos a aquel pasado al que imitan pero al que nunca pertenecieron. Más estimulante es considerarlos como objetos fabriles nacidos en plena euforia de la segunda revolución industrial, en las décadas finales del siglo XIX, cuando, a la vez, y no por casualidad, las artes del ornamento experimentaban un reconocimiento y aprecio sin precedentes.

Una exposición sostenible
«Tesoros eléctricos» supone un hito en la gestión de las exposiciones temporales organizadas por el museo, por su voluntad de reciclar mobiliario procedente de exposiciones anteriores, política que en los últimos años la institución ha extendido también a otras actividades. El planteamiento museográfico ha asumido el reto de dar uniformidad a los materiales que ya existían (peanas, vitrinas, tabiques), creando una atmósfera industrial en la que el visitante pueda sumergirse. Así, se ha mantenido el color gris oscuro de anteriores muestras, combinado en ocasiones con el amarillo eléctrico. El tamaño de algunas piezas, ha motivado, además, la colocación de ampliaciones en las paredes, que ayudarán al visitante a apreciar algunos de sus detalles.

Para la ocasión, la Secretaría General Técnica del Ministerio de Educación,    Cultura y Deporte ha editado un catálogo a modo de glosario sobre la exposición.
El Museo Nacional de Escultura ofrecerá durante los meses de la exposición un programa de actividades que profundizará en aspectos derivados de la misma. Este programa constará de conferencias, conciertos, cine y visitas guiadas para todos los públicos a partir de enero.

(Nota de prensa del Museo Nacional de Escultura).


HORARIO DE VISITAS
De martes a sábados, de 11 a 14 h. y de 16.30 a 19.30 h.
Domingos, de 11 a 14 h.
Lunes cerrado.
Entrada gratuita.

Museo Nacional de Escultura. Apertura especial puente de diciembre:
Miércoles 6 de diciembre: Apertura gratuita de 10 a 14 h.
Viernes 8 de diciembre: Apertura de 10 a 14 h. Gratuita de 16 a 19.30 h.










* * * * *  

1 de diciembre de 2017

Fastiginia: EL "TREN BURRA", entre la añoranza y la sonrisa

Estampas y recuerdos de Valladolid

El conocido popularmente como "Tren burra" es uno de los recuerdos más entrañables de la historia de los transportes de Valladolid. Su existencia y funcionamiento se ha conservado en la memoria gracias a lo que en su día fuera una acertada decisión municipal: la restauración de una vieja locomotora a vapor y de un antiguo vagón de madera, poco tiempo después de cesar su funcionamiento, para ser colocados sobre un tramo de raíles animando el jardín de las Moreras y de paso preservar el recuerdo de su funcionalidad por Tierra de Campos en unos tiempos marcados por la penuria y el atraso tras la Guerra Civil.

Pero hasta eso ha cambiado, pues incluso el "monumento al tren burra" ya no se conserva en su integridad ni en el mismo lugar, ya que a su colocación siguieron en los años 70 tiempos de desidia en los que no se supo evitar que el vagón fuese objeto del vandalismo de algunos desmemoriados que lo redujeron prácticamente a astillas. 
El tren Valladolid-Medina de Rioseco saliendo del barrio de la Victoria
Sin embargo, aquella locomotora, construida en Manchester por Atlas Works Limited en 1884, fue trasladada hasta la plaza de San Bartolomé, lugar donde se encontraba la estación del mismo nombre y de la que durante 85 años estuvo partiendo con dirección a Medina de Rioseco. En el jardín de la remodelada plaza permanece como mudo testimonio de otros tiempos, sobre un pedestal y un pequeño raíl que ya no conduce a ninguna parte, el que fuera uno de los últimos trenes de vapor que funcionaron en Europa.

Para evocar su funcionamiento, tenemos que retrotraernos a abril de 1877, cuando Francico Subizar Berasain concibió el proyecto de un tranvía de tracción animal que enlazara Valladolid con Medina de Rioseco, proyecto que finalmente fue aprobado en 1878, aunque el concesionario, más partidario de aplicar nuevas tecnologías más rentables, sugirió el cambio por un pequeño tren con locomotora a vapor, cuyo coste, debido a la penuria económica, no obtuvo una autorización provisional hasta 1880. Es entonces cuando adquiere la concesión de la nueva línea ferroviaria de Valladolid a Medina de Rioseco la empresa Compañía del Ferrocarril Económico, creada en Barcelona en 1881, que financiada por el Banco de Cataluña lo fue llevando a cabo con continuos retrasos sobre lo previsto, aunque el servicio pudo ser inaugurado en 1884.

El nuevo ferrocarril incluía un discreta estación levantada sobre el solar que en el siglo XVI ocupara el Hospital de San Bartolomé, extramuros de la ciudad y frente al Puente Mayor. Debido a su estado de ruina, aquel hospital fue sustituido en 1628 por el convento de las Trinitarias, que tras ser utilizado durante la francesada como acuartelamiento, había pasado a ser propiedad del convento femenino de Jesús y María y, tras la Desamortización, a manos municipales. Por este motivo, en 1884 el Ayuntamiento de Valladolid tomó el acuerdo de realizar la concesión gratuita de los terrenos a la Compañía del Ferrocarril Económico, para levantar la nueva estación, por un plazo de 15 años, transcurrido el cual la compañía debería abonar un canon anual.

En 1890 la línea del ferrocarril de Medina de Rioseco se amplió hasta la estación Campo de Béjar, situada en los terrenos actualmente ocupados por la Estación de Autobuses y muy cerca de la Estación del Norte, lo que implicó la colocación de raíles que atravesaban el Puente Mayor, el Paseo de las Moreras, la calle San Ildefonso, el Paseo de Zorrilla y la calle de Gabilondo, que estuvieron funcionando durante décadas. Sin embargo, a partir de 1918 comenzaron los problemas económicos de la empresa por falta de rentabilidad, que se agudizaron en 1927, lo que motivó la incautación de la línea por el Estado en 1930 y su adjudicación a la Compañía de Ferrocarriles Secundarios de Castilla. Sin embargo, debido a su peligrosidad a su paso por el casco urbano, donde un operario subido a la locomotora llagaba a tocar una corneta para avisar a ciclistas y transeúntes, en 1952 se clausuró el tráfico de viajeros entre ambas estaciones, aunque se mantuvo el transporte de mercancías nocturno, siendo en 1961 cuando esta línea urbana se suspendió definitivamente y fue desmantelada, quedando únicamente en servicio la Estación de San Bartolomé.

Estación de San Bartolomé en los años 60
La línea Valladolid-Medina de Rioseco, incluyendo los edificios en servicio y maquinaria, fue incorporada a Feve, convirtiéndose en una reliquia ferroviaria que atraía la curiosidad de europeos y norteamericanos, que llegaban expresamente para conocer su funcionamiento (Trevor Rowe lo reflejó, incluyendo fotografías, en su libro Narrow Gauge railways of Spain). Aunque los vagones que partían de la Estación de San Bartolomé fueron sustituidos por otros más actuales durante un tiempo, la clausura definitiva de la línea fue decretada en 1969, en pleno desarrollismo de la ciudad, realizándose el último viaje el 11 de julio de aquel año con un equipaje de periodistas, tras lo cual la vieja estación de San Bartolomé fue demolida por entorpecer el tráfico rodado entre la Avenida de Salamanca y la carretera de Palencia. 

Quedaban atrás toda la serie de avatares conocidos desde 1884 a 1969 por el "Tren burra", así llamado por mantener una media de 20 kilómetros por hora —2 horas de duración para el trayecto Valladolid-Medina de Rioseco—, que alcanzaba su punto más conflictivo en la subida al páramo de Zaratán, en la llamada "cuesta del reventón", donde cuentan que en ocasiones los viajeros debían apearse para aligerar el peso y subir la cuesta andando con tiempo suficiente para volver a montarse, llegando en ocasiones incluso a tener que empujar el vagón. Superado este problema, que se complicaba en los duros inviernos, el tren continuaba a su ritmo, entre humaredas de vapor, hasta Villanubla, el apeadero de Torozos, La Mudarra, el apeadero del tramo de Coruñeses y Medina de Rioseco, siempre bajo la sonrisa y resignación de los pacientes viajeros con billetes de primera y segunda clase.

Usuarios del "Tren burra" en los años 50
Y aunque parezca mentira, con su desaparición el "Tren burra" entró en el terreno de lo mítico, siendo recordado todavía como algo entrañable de otros tiempos en que el ritmo de vida no era tan vertiginoso como el actual.    



















Estación de San Bartolomé, 1965

















Andén de la Estación de San Bartolomé en 1968















Plaza de San Bartolomé en los años 70, con la estación a la izquierda














La línea Estación de San Bartolomé-Estación Campo de Béjar a su paso
junto al Campo Grande en el Paseo de Zorrilla
















Monumento al antiguo ferrocarril Valladolid-Medina de Rioseco
en la plaza de San Bartolomé













* * * * *

29 de noviembre de 2017

Exposición: FERNANDO III Y SU REINADO, hasta el 21 de febrero 2018


PALACIO DEL LICENCIADO BUTRÓN
ARCHIVO GENERAL DE CASTILLA Y LEÓN
Plaza de Santa Brígida s/n, Valladolid

El infante Fernando nacía a últimos de junio de 1201 cerca del monasterio de Valparaíso, en Peleas de Arriba (Zamora), con apenas derechos al trono de León, tanto por la declaración de nulidad del primer matrimonio de su padre, Alfonso IX con su madre Berenguela, como por las cláusulas del tratado de Sahagún (1158), en parte enmendado por su abuelo Alfonso VIII de Castilla en el tratado que posteriormente suscribirá en Cabreros en 1206.

Sin embargo, el hecho de que Fernando III accediera al trono de Castilla fue en realidad consecuencia de diversas circunstancias imprevistas y de la tenacidad de la reina madre. En 1217, Fernando fue proclamado rey de Castilla.

En noviembre de 1230 muere su padre, el rey leonés Alfonso IX, y Fernando heredaba el reino de León, tras la firma con sus hermanas Sancha y Dulce del Acuerdo de Benavente (11 de diciembre). Desde esa fecha ambos reinos permanecieron unidos hasta su inclusión en la Monarquía Universal hispánica forjada por los Reyes Católicos.

Bajo su reinado se produjo la conquista de los reinos musulmanes de Badajoz, Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia. Se comenzaron las construcciones de las catedrales de Burgos y León. Impulsó como principal universidad del reino la de Salamanca, e inició una época de esplendor cultural que culminaría bajo el reinado de su hijo Alfonso X.

Fernando III debió morir la noche del jueves 30 de mayo de 1252, recibiendo sepultura en la Catedral de Sevilla. Terminada su vida como rey, comenzó la mitificación historiográfica que culminará con su canonización, el 7 de febrero de 1671.

Con motivo de la celebración del VIII Centenario de su aclamación y posterior proclamación como rey de Castilla en las villas de Autillo de Campos (Palencia) y Valladolid, la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, dentro del programa de actividades culturales, turísticas y patrimoniales, bautizado con el título de "Tronos que comparten historia y presente", nos acerca, a través de una exposición documental, a su reinado y a la importancia de su figura en la historia, el arte y la cultura.



(Texto extraído del folleto de la exposición).




HORARIO DE VISITAS:
De lunes a jueves de 11 a 14 horas y de 16 a 19 horas.
Viernes de 11 a 15 horas.
Sábados, domingos y festivos cerrado.

Entrada gratuita.



Con motivo del VIII Centenario de la proclamación de Fernando III como rey de Castilla en Valladolid

* * * * *

27 de noviembre de 2017

Museo Nacional de Escultura: Ya se puede visitar el Museo a través de una aplicación móvil accesible


La App accesible “Museo Nacional de Escultura” facilita la visita al museo a personas con diversidad funcional auditiva o visual de forma gratuita para dispositivos iOS y Android

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid, junto al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Fundación Orange y GVAM, ha presentado el pasado 24 de noviembre la aplicación oficial para su visita, accesible para personas con discapacidad sensorial gracias al proyecto Áppside (www.appside.org). Esta App, diseñada para todos los públicos, presenta cinco propuestas de recorrido a través de audios e imágenes que enriquecen la visita y que han sido adaptados a las necesidades de las personas con diversidad funcional visual o auditiva. Desde hoy está disponible para su descarga en dispositivos iOS y Android, de manera totalmente gratuita.

A través de la opción “Recorridos” el usuario podrá acceder a distintos itinerarios temáticos, combinados en la propuesta “Destacados”. La arquitectura, el arte y la historia dialogan en esta guía interactiva, acercando al visitante a las curiosidades de las obras maestras del museo (recorrido “Avatares de la Colección”), ayudándole a comprender las peculiaridades y  evolución de la policromía (“El arte de policromar”) e invitándole a admirar la vitalidad del Valladolid del siglo XV a través Colegio de San Gregorio (“El edificio”).  Además, la App incluye un recorrido específico para niños (“Visita en familia”).

Antes de visitar el Museo, el usuario puede elegir y descargar exclusivamente los recorridos y recursos accesibles que precise: subtitulado, vídeos en Lengua de Signos Española (LSE) elaborados por la Fundación CNSE (Confederación Estatal de Personas Sordas) o audiodescripción (AD) para personas con discapacidad visual. 

Una vez configurada la visita, las imágenes y textos contribuyen a ubicar las salas y las piezas del Museo. Asimismo, se ha incorporado la función tradicional de las audioguías para que, de manera alternativa, el usuario pueda acceder a los distintos audios e imágenes pulsando los números dispuestos a lo largo del recorrido. De esta manera la guía es más accesible a todos los públicos, independientemente de su edad o capacidades tecnológicas.

Esta aplicación móvil es el resultado del convenio suscrito por el Ministerio de Cultura, la Fundación Orange y la empresa GVAM para mejorar la accesibilidad de los Museos Estatales (adscritos a la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas) usando tecnologías al alcance de todos.

Acerca del proyecto Áppside

Esta app ha sido desarrollada en el marco del proyecto Áppside, que promueve la creación de aplicaciones de guiado que permitan preparar la visita y descubrir de forma autónoma los museos y ciudades más representativas de nuestro patrimonio. Todas estas apps se caracterizan por ofrecer un contenido cultural destinado a un público generalista pero que, además, está  adaptado a las necesidades de las personas con diversidad funcional y sensorial.

Áppside ha sido implantado hasta la fecha en el Museo de Arte Romano de Mérida, Museo Sefardí de Toledo, Museo de la Evolución Humana de Burgos, Museo Lázaro Galdiano de Madrid, Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba, Museo Carmen Thyssen Málaga, Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife y la Diputación Provincial de Cuenca. Asimismo,  ha desarrollado una app accesible para cada una de las 15 Ciudades Patrimonio de la Humanidad: Alcalá de Henares, Ávila, Baeza, Cáceres, Córdoba, Cuenca, Ibiza, Mérida, Salamanca, San Cristóbal de la Laguna, Santiago de Compostela, Segovia, Tarragona y Úbeda.


Enlaces de descarga:

iOS:
https://itunes.apple.com/es/app/museo-nacional-de escultura/id1260468562?mt=8

Android: 
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.gvam.mnev





* * * * *