2 de diciembre de 2013

Fastiginia: Original y copia, el recurso de las reproducciones artísticas

Dolorosa de la Vera Cruz. Gregorio Fernández, 1623
Iglesia de la Vera Cruz, Valladolid

Estampas y recuerdos de Valladolid

Las obras de arte más emblemáticas y admiradas han sido reiteradamente copiadas a lo largo del tiempo con doble finalidad. Por un lado para disfrutar de la obra en sí misma a través de unos valores plásticos aproximados, ya sea con una finalidad decorativa o por su significación religiosa, tanto en las religiones paganas como en la cristiana. Por otro, para convertirlas en modelos a imitar por sus aportaciones a la estética de cada momento y lugar, como prototipo y representación de los ideales de determinado arte o determinada cultura.

Esta práctica de la copia fue común en artistas de todas las épocas, siendo especialmente las obras de la Antigüedad clásica objetos de copia por antonomasia. Es evidente que gran parte de las esculturas originales de los grandes maestros griegos nos han llegado a través de copias romanas, trascendiendo algunas obras —recuérdese el Discóbolo o el Espinario— a su propia época, especialmente a partir de la aparición por toda Europa de las grandes colecciones palaciegas y de las Academias artísticas, que convirtieron el fenómeno de la reproducción en un subgénero artístico con sus propias técnicas y reglas, dando lugar a otro tipo de obras que evocaban lo que habitualmente era lejano e inaccesible, al tiempo que asumían un papel didáctico para los artistas.


Dolorosa de la Vera Cruz. Gregorio Fernández, 1623
Iglesia de la Vera Cruz, Valladolid
No obstante, durante mucho tiempo la copia fue denostada en el mundo del arte y silenciada por los historiadores a pesar de ser un medio para potenciar el atractivo de la obra original. Está claro que si se encarga una copia de determinada obra es por la admiración que suscita y por el deseo de compartir la emoción que transmite el original, motivo por el que las obras más copiadas siempre han sido grandes obras maestras de todos los tiempos.

Todas estas disquisiciones son válidas para una obra vallisoletana que desde el momento en que fue elaborada siempre generó alabanzas y admiración. Se trata de la imagen de la Dolorosa de la Santa Vera Cruz que realizara Gregorio Fernández en 1623, aquella que impresionara al baezano Isidoro Bosarte, que en su obra Viaje artístico a varios pueblos de España, publicada en 1804, refiere en estos términos: "... por lo que hace a la hermosura de la cabeza, si los ángeles del cielo no bajan a hacerla más bella, de mano de hombres no hay más que esperar".

Esta admiración suscitada entre quienes conocieron la imagen también fue común entre los extranjeros que recalaron en Valladolid. Sirvan de ejemplo los elogios expresados en 1908 por el francés Marcel-Auguste Dieulafoy en su obra La statuaire polychrome en Espagne: "La obra maestra de Gregorio Fernández, quizá la obra maestra de la estatuaria policromada, circunscrita a las escuelas del Norte, es una Madre Dolorosa, una Virgen de las Angustias, que se guarda en la capilla de la Cruz de Valladolid como una joya preciosa, lejos de las miradas...". Este arqueólogo y tratadista, tras hacer una detallada descripción de la imagen, compara esta obra de Gregorio Fernández con la Virgen de las Angustias de Juan de Juni para terminar afirmando: "Por lo demás, el uno y el otro recuperan las tradiciones artísticas de Grecia y hubieran podido autorizar ejemplos célebres buscados entre las obras de Anténor y de Fidias". 

Virgen del Descendimiento. Pedro Sedano, 1757
Iglesia de la Vera Cruz, Valladolid
Sabido es que Gregorio Fernández no concibió la imagen tal y como hoy la conocemos, aislada, sino integrando el elenco escenográfico del impresionante paso procesional del Descendimiento, con un lugar destacado en tan arriesgada composición barroca como punto de concentración de toda la carga emocional. Según Esteban García Chico fue la especial devoción que despertó esta escultura entre el pueblo vallisoletano lo que alentó al Cabildo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz a rendirle culto por separado, aunque también pesan otros motivos más pragmáticos ocurridos en el siglo XVIII, cuando tras el accidente sufrido en 1741 por uno de los costaleros que portaban el paso del Descendimiento, junto a una decadencia de las celebraciones de Semana Santa, impidieron su salida durante algunos de los años centrales del siglo por falta de costaleros. Fue entonces cuando la Cofradía decidió separarla del grupo para iniciar su culto independiente como Nuestra Señora de los Dolores de la Vera Cruz, pasando a convertirse en imagen titular de la Cofradía y como tal desfilando en solitario y colocada presidiendo el retablo mayor de su iglesia penitencial.

Para suplir su ausencia en el conjunto del Descendimiento fue encargada una copia que fue realizada en 1757 por el escultor Pedro Sedano, una primera copia dieciochesca que, desprovista de la gracia y genialidad del original, cumple con decoro su papel de suplantación en el espectacular paso procesional, conservado tal y como lo concibió "la gubia del Barroco" en una capilla de la iglesia de la Vera Cruz.


Virgen del Descendimiento. Pedro Sedano, 1757
Iglesia de la Vera Cruz, Valladolid
Transcurridos dos siglos de aquella primera copia de la Virgen se realizó una segunda ya como réplica de la imagen aislada que fuera entronizada en el retablo de la iglesia vallisoletana, incluyendo todos los aderezos incorporados posteriormente que configuran la secuencia iconográfica de Stabat Mater, como la cruz de madera a su espalda con el rótulo del Inri, cantoneras y ráfagas de plata que fue elaborada en 1804, la rica corona de tipo resplandor con remates de estrellas y la espada de plata que sujeta en su mano izquierda y que le atraviesa el pecho en recuerdo de la vieja profecía de Simeón, un elemento que fue eliminado en la imagen original en la restauración llevada a cabo en 1985 para paliar las nefastas consecuencias sobre la talla de las vibraciones de la espada simbólica durante los desfiles.


Esta segunda copia fue realizada en Valladolid por el escultor vallisoletano Antonio Vaquero a petición de Santiago Gaspar Gil, párroco de la iglesia cacereña de San Mateo, para donarla a dicha iglesia. La copia de la Dolorosa de la Vera Cruz llegó a Cáceres el 23 de abril de 1953 y fue colocada en una hornacina abierta en el muro de la iglesia, realizándose un altar de piedra con forma de gradas que sirven de pedestal a la imagen. Actualmente integra uno de los pasos procesionales de la Ilustre y Real Cofradía de la Santa y Vera Cruz de Cáceres, fundada en el siglo XIV en la primitiva iglesia de San Juan, un paso que es portado por 36 hermanos.


Dolorosa de la Vera Cruz. Antonio Vaquero, 1953
Iglesia de San Mateo, Cáceres
Este tipo de trabajo de copista, por el sacado de puntos, es bastante desconocido en la obra de Antonio Vaquero (1910-1974), un escultor dedicado a la docencia que llegó a crear una cátedra de imaginería en Valladolid e impulsó una serie publicaciones con monografías de los grandes maestros de la escuela castellana, siendo también autor de copias de modelos fernandinos. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, recibió dos veces la medalla de la ciudad y una medalla nacional de escultura, siendo su obra más conocida el monumento a los Reyes Católicos (1969) que primero estuvo instalado en la Rosaleda, después ante el Palacio de Congresos de la Universidad y en breve tiempo junto al Colegio de Santa Cruz.

Una tercera copia de la Dolorosa de la Vera Cruz fue realizada en 1985 por el escultor y restaurador Mariano Nieto, miembro del Instituto del Patrimonio Histórico Español, para ser incorporada a la réplica del paso del Descendimiento que conserva la Hermandad del Descendimiento o La Escalera de Medina de Rioseco, un conjunto realizado por Francisco Díez de Tudanca siguiendo el modelo de Gregorio Fernández del que también fue separada la imagen de la Virgen en el siglo XVIII hasta llegar a desaparecer. Con la imagen, fiel copia realizada con la técnica del sacado de puntos, el conjunto recuperaba su integridad después de que Mariano Nieto también hubiese realizado la restauración integral del paso en 1970.

Esta imagen de la Dolorosa no recibe culto por separado, sino formando parte del paso que en su salida rasante del Salón de los Pasos Grandes protagoniza uno de los momentos más pintorescos de la Semana Santa riosecana.


Dolorosa de la Vera Cruz. Antonio Vaquero, 1953
Iglesia de San Mateo, Cáceres























Dolorosa de la Vera Cruz. Antonio Vaquero, 1953
Iglesia de San Mateo, Cáceres























Virgen del Descendimiento. Mariano Nieto, 1985
Salón de Pasos Grandes, Medina de Rioseco























Virgen del Descendimiento. Mariano Nieto, 1985
Salón de Pasos Grandes, Medina de Rioseco



















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